16 noviembre 2009 | Publicado en
Vida en Suiza
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CON CIERTA FRECUENCIA, visitantes llegan a este blog buscando “fotos de Ginebra”. Para ellos y para todos los interesados en esta hermosa ciudad, aquí van algunos enlaces a sitios que contienen muy buenas fotografías.
Para comenzar, este sitio no contiene sólo fotos, sino también videos y audio, todo organizado como una visita virtual a la ciudad (disponible en francés e inglés).
En este sitio hay apenas cuatro fotos. Pero no son fotos comunes y corrientes. Son panorámicas armadas a partir un número de fotos más pequeñas. Es bastante impresionante ver, por ejemplo, la ciudad como se la ve desde la cima de una montaña vecina —el Salève— y poder hacer zoom hasta ver a las personas en la costanera —bueno, chiquitas se la ve a las personas, de acuerdo.
En este sitio hay —agarrate— siete mil fotos de Ginebra. Como muchas, no? Sin embargo, organizadas en álbumes, da para que explores lo que más te interese: la ciudad vieja, el lago y la rada, el pintoresco barrio de Carouge, algunos parques, la campiña, las organizaciones internacionales, y un largo etcétera. En el álbum dedicado al cementerio llamado de los Reyes podés ver fotos de la tumba de Jorge Luis Borges, en caso de que tal cosa te interese (acá, casi al final de la página). El sitio no ofrece sólo fotos, sino también comentarios históricos y datos de interés general (en francés).
Finalmente, si lo que te interesa son los paisajes, en este sitio hay unas 1600 fotos de los alrededores de Ginebra y de la Francia vecina, tomadas en todas las estaciones del año.
Así que vos querías ver fotos de Ginebra, no?

[Las fotos que ilustran esta nota vienen del tercero de los sitios mencionados.]
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09 noviembre 2009 | Publicado en
Ruminaciones
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ESTA NOCHE se cumplen 20 años de la caída —o más estrictamente, de la apertura— del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989. El acontecimiento, sus causas y sus consecuencias, fue tan significativo que un historiador como Eric Hobsbawm pudo decir que “en los años finales de la década de 1980 y en los primeros de la de 1990 terminó una época de la historia del mundo para comenzar otra nueva” (Historia del siglo XX, pág. 15).
Estos días en mi trabajo, la pregunta ‘qué estabas haciendo cuando cayó el Muro’ despertó el interés de algunos de mis compañeros. Un yanki recuerda haber visto el acontecimiento por televisión y luego improvisar una cena para celebrarlo, además de llamar a parientes y amigos para felicitarse mutuamente; un suizo también lo vio por televisión y recuerda haberse emocionado a la vez que sentía agudamente que la cosa le era esencialmente ajena; una alemana (occidental) que en 1989 no tenía 10 años recuerda haberlo visto por televisión, incluido cierto cantante comprometido interpretando temas libertarios sobre el muro, pero no está segura de que sus recuerdos correspondan a la misma noche; una británica que en 1989 estaba haciendo un año de estudios en Alemania oriental recuerda haber participado activamente en las manifestaciones de protesta pacíficas que partían de las iglesias en Berlín (oriental) y en otras ciudades.
Mis compañeros de trabajo están tan entusiasmados con la historia de la caída del Muro que me parece de mal gusto decirles la verdad que, con cierta vergüenza, confieso acá: yo no me acuerdo de nada.
No es simplemente una consecuencia de la creciente gruyerización de mi memoria; ni tampoco del hecho de que, como en esa época yo no tenía televisión no pude ver la caída del Muro ‘en vivo y en directo’. Porque me acuerdo muy bien de la masacre de Tiananmen, que fue en el mismo año y que tampoco vi en la tele.
Y es que en Argentina estábamos bastante ocupados con nuestros propios problemas. Mientras en Berlín oriental y otras ciudades de Alemania del este la gente marchaba exigiendo libertad y reformas políticas, en las ciudades argentinas la gente saqueaba supermercados y almacenes de barrio. Y los que marchábamos a la Plaza de Mayo escuchábamos al presidente anunciar una ‘economía de guerra’, mientras el ministro de economía les hablaba ‘con el corazón’ a los grandes empresarios, quienes le contestaban ‘con el bolsillo’. Y es que para los argentos 1989 fue el año de la debacle alfonsinista y la primera hiperinflación.
No sé qué estaba haciendo yo exactamente el jueves 9 de noviembre de 1989 por la tarde, pero lo más probable es que, como todos los días, me encontrara en mi segundo trabajo, gracias al cual logré mantenerme a flote el año en que los precios aumentaron cinco mil por ciento. También para nosotros se cerraba una época y comenzaba otra, que iba a ser —si cabe— mucho peor.
Tiene algo de extraña coincidencia el que La Tribune de Genève de este fin de semana, que previsiblemente dedica mucho espacio al aniversario de la caída del Muro, junto a un artículo sobre “los nuevos muros que dividen el mundo” incluya un pequeño recuadro sobre “La Argentina a la hora de los barrios cerrados”. Ésos donde la gente “se encierran voluntariamente para liberarse de la pobreza y de la delincuencia”.
En Argentina, dice la nota, “el fenómeno de los ‘barrios privados’ está en plena expansión desde hace una veintena de años”. Habiendo pasado de “140 en 1990 a más de 600 hoy”, los barrios privados comprenden “más de 80 mil casas” en las que viven unas 400 mil personas. Con el uno por ciento de la población viviendo en barrios cerrados, “la fractura social es extremadamente visible”.
Otro de los recuadros que acompaña la nota principal es sobre “Las barreras invisibles de Europa”: “Más que en piedras, los países europeos han invertido en dispositivos de vigilancia y en el endurecimiento del derecho de asilo y de fronteras. Radares, barcos y aviones impiden con la mayor frecuencia a los inmigrantes llegar a las costas. Controles, detenciones y expulsiones les impiden instalarse.”
Esta noche se cumplen 20 años de la caída del Muro de Berlín. Incluso para los más cercanos protagonistas, el acontecimiento fue una sorpresa, porque el Muro parecía ‘eterno’. Como muchos otros.
Y vos, qué hacías cuando el Muro de Berlín caía?

[La primera foto viene de acá y la segunda de acá.]
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02 noviembre 2009 | Publicado en
Agenda cultural,
Autobombo,
Master
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DESDE HACE UNA DÉCADA todos los años en noviembre hay en Ginebra y alrededores un festival de cine latinoamericano. “Filmar en América Latina” se llama. Este año tiene lugar del 6 al 22 de noviembre en tres sedes: Ginebra, Lausana y Biel/Bienne.
“Con 70 largos metrajes, 24 películas en competición, 10 estrenos, 15 países representados y 15 invitados, la 11ª edición de Filmar... confirma su lugar de manifestación cultural imprescindible del otoño suizo” —dicen los organizadores— y constituye una “ventana abierta sobre ese joven continente en transformación, que enfrenta sus múltiples identidades, entre tradición y globalización”.
Entre las películas hay 12 argentinas.
Acá hay más información sobre el festival, y acá podés hacer una búsqueda por país y ver cuáles son las películas que te interesan, así como dónde y cuándo se exhiben.
Puesta al día del 5 de noviembre: Alberto Serrano, de la asociación cultural “Encuentro de dos Mundos” informa que el festival también tiene lugar en dos localidades francesas: Ferney-Voltaire (pegadito a Ginebra) y Gex (un poco más lejos). Esto hace que el festival sea “transfronterizo” (transfrontalier). En el sitio web de Encuentro de dos Mundos, que participa en la organización del festival en Ferney-Voltaire, podés ver el programa de las películas en exhibición en el “côté français”. De paso podés enterarte de las actividades de la asociación, que son muy interesantes.
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EN ALGÚN MOMENTO de la noche de Halloween —me encanta que haya sido precisamente en esa noche— el contador de páginas vistas de este blog llegó a 40 mil. Obvio, hay blogs con muchísimos más visitantes que éste. Pero para Porteños en Ginebra, que sólo tiene unos 180 posts, escritos a un promedio de uno por semana, 40 mil páginas vistas en tres años y medio me parece como bastante. Tal vez incluso hasta fueron leídas... :o)
En cualquier caso, a los anónimos visitantes y a la treintena de más o menos anónimos suscriptores por correo electrónico, muchas gracias.
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LOS LECTORES FIELES de este blog saben que el autor dedica sus mejores esfuerzos intelectuales a llevar a cabo un master a distancia en una universidad británica. Bueno, la cosa es así: del programa de estudio sólo me falta una unidad, la última, con sus 400 páginas de lectura y su correspondiente ensayo de cuatro mil palabras a entregar antes de Navidad. Luego vendrá el trabajo de investigación y la disertación sobre los resultados del mismo. La fecha prevista de finalización es el 23 de abril, pero es casi seguro que me llevará un poco más de tiempo, ya que el trabajo de campo será bastante arduo, dado que me metí con un tema que exige un buen dominio del idioma francés.
Pero, mirando el vaso medio lleno diría: ya lo tengo en la bolsa!
[Este post termina acá.]
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