Primer día de escuela

26 agosto 2006 | Publicado en | 0 comentarios

No fue hoy, sábado, será pasado mañana, lunes. Pero hoy fuimos a la escuela a conocer a la nueva maestra de Amparo: Caroline. Es una chica joven, que recién empieza a ejercer como docente. Invitó a los papás y a los chicos a ir el sábado, entre 10 y 12, para conocerlos y que la conozcan, dar curso a las cuestiones administrativas, y evacuar dudas. Amparo estaba contenta, con una excitación apenas contenida: la nueva metresse! El segundo año de preescolar es una cosa muy seria que no puede tomarse a la ligera, qué se creen!

El gesto de la maestra revela su buena disposición y sus ganas, porque el encuentro con los papás antes de que comiencen las clases no es algo que hagan todos los docentes. Cuando llegamos había dos o tres familias. Hablamos con la maestra cuando nos llegó el turno. Le contamos que Amparo habla español en casa pero francés con los amiguitos y algunos otros detalles de su desempeño en la escuela el año anterior. La maestra se mostró interesada, nos informó que los papás extranjeros pueden pedir a la escuela un intérprete para hablar con la maestra si les parece que les hace falta, lo que por suerte no es el caso. Ella entiende algo, muy poco, de español, pero habla inglés, y Gabriela a estas alturas se defiende muy bien en francés. Quedamos encantados con la nueva metresse de nuestra pequeña.

El aula estaba preparada ya para el lunes. Al lado de la puerta, donde los chicos se cambian los zapatos por las pantuflas que usan en clase, los ganchos para la ropa ya tenían los respectivos nombres. Al igual que los pupitres de cada uno, en los que además se encontraban los útiles necesarios: crayones, lápices de colores, tijeritas, cola, etcétera. Porque a los padres lo único que se les pide que provean a sus niños es: las pantuflas, un delantal para pintar (con la aclaración de que una camisa vieja sirve perfectamente), zapatillas para gimnasia, y una muda de ropa de repuesto. Comienzan las clases —acá se llama la rentrée— y la noticia en los diarios no es el alza de precios de los artículos escolares —de hecho, no hay que comprar ninguno— sino el operativo de seguridad vial que la policía va a montar para reducir la posibilidad de accidentes de tránsito relacionados con la afluencia de niños a las escuelas. Esta vez van a estrenar unas nuevas pistolas láser para medir la velocidad de los autos y van a aumentar en un 30 por ciento la presencia policial en las calles.

Pero volviendo al aula y la clase: en total son 18 chicos. Diez son de premier enfantine —los chiquitos—, ocho de douzième —los grandes—, entre ellos nuestra gurrumina. Como el número de inscriptos no daba para armar cursos completos, decidieron hacer una clase mixta. Para nosotros está bien: al fin y al cabo se trata del preescolar. Amparo estuvo también en una clase mixta el año anterior, y era una de los chiquitos, así que no está mal que ahora haga la experiencia de contarse entre los grandes.

Los de premier se sientan de a tres o cuatro en unas mesitas bajas y redondas en un sector de la clase más alejado de la pizarra. Los de douzième en pupitres individuales formando una U orientada hacia la pizarra. El mobiliario del aula está por supuesto en perfecto estado, aunque no es lujoso. Hay una pequeña biblioteca —que según Amparo tiene menos libros que la de su clase anterior— y el necesario material didáctico.

Mientras los papás hablaban con la maestra, los niños que habían compartido la clase el año anterior se 'reencontraban' después de las vacaciones y coloreaban unos dibujos, apropiándose de su nuevo espacio. También, claro, hacían el primer contacto con la maestra en un ambiente relajado, junto a sus papás.

Así fue nuestra rentrée escolar este año.

Como me olvidé de llevar la cámara, la foto es del primer día de escuela, pero del año pasado. El aula luce más o menos igual, excepto que es algo más pequeña y la disposición de los pupitres es distinta, como se describe en el texto.

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