Una truchadita made in Suiza

07 septiembre 2006 | Publicado en | 0 comentarios

Según las estadísticas de la oficina de la población de Ginebra, hay poco menos de 500 argentinos entre los extranjeros que viven en el cantón (sin contar, claro, a los que tienen doble nacionalidad, argenta-suiza, que no son contados como extranjeros). No sé cuántos argentinos habrá en total en Suiza, pero no pueden ser más de 10 mil. Sin embargo, a juzgar por una noticia publicada ayer en la Tribune de Genève, algunas de las características del espíritu argentino parecen estar mucho más extendidas. La noticia era que en lo que va del año se han vendido en Suiza cerca de 40 mil discos testigos de estacionamiento "truchos".

Un poco de contexto. Hay aquí áreas de estacionamiento gratuito pero de uso limitado en el tiempo. Cuando estacionás el auto en una de ellas, indicadas con líneas de color azul, tenés que poner bien visible bajo el parabrisas un disco testigo reglamentario (como el de la foto) en el cual indicás a qué hora estacionaste. Una vez vencido el plazo (una hora y media) tenés que despejar o podés ser multado. Por supuesto que está prohibido volver al auto y cambiar la hora de llegada que marca el disco. Si lo hacés y te pescan, multa. Si ponés en el disco una hora más tardía a la real (para tener más tiempo de estacionamiento), multa.

Bien, hete aquí, que a alguien se le ocurrió fabricar unos discos que están provistos de un pequeño motor eléctrico alimentado por una muy pequeña pila. El disco va girando lentamente, como un relojito, de manera que tu auto siempre está, mágicamente, dentro del período reglamentario. Las autoridades han informado que se trata de algo ilegal y que su uso puede ser multado con hasta 100 francos (lo que no es mucho si lo comparás con el costo del estacionamiento pago).

La idea de estos discos truchos que intentan engañar a los inspectores me parece típicamente... argenta. Me hizo acordar a cuando en Buenos Aires fueron introducidas las cámaras que te escrachaban por exceso de velocidad o por saltarte semáforos en rojo. En los dos meses siguientes a su introducción me entretuve haciendo una lista donde anotaba cada una de las variantes para tratar de zafar que veía en la calle. Llegué a registrar unas veinte! Me deshice de la lista en un momento de torpeza, y me arrepiento. Pero todavía me acuerdo de algunas de las maneras de "proteger" la patente infractora creadas por el ingenio porteño: dos CDs pegados a los lados; pedazos de plástico transparente polarizado cubriéndola; calcomanías tapando algunos de los números; una de las lamparitas que alumbran la patente desatornillada y colgando del cable, balanceándose frente a la patente (ésta era la favorita de los taxistas); y mi preferida: una franela sobresaliendo estratégicamente del baúl...

No me sorprendería que el "disco-móvil" suizo se le hubiera ocurrido a un compatriota.

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