De olvido, siempre gris

24 octubre 2006 | Publicado en | 1 comentarios


No estoy seguro sobre el olvido, pero sin duda Ginebra está entrando en su “saison grise”. El otoño llegó y la ciudad se apresta a pasar durante los próximos meses incontables días marcados por la ausencia del sol. Es uno de los bajones de vivir en esta por lo demás muy bella ciudad. Por supuesto que el otoño es, también, una bella estación en Ginebra, hay que decir la verdad. Así que puede ser mi carácter depresivo-porteño el que me hace poner énfasis en el aspecto gris. Pero la actitud negadora del ginebrino típico tampoco ayuda, che.

“Ah, pero por favor! Basta conducir 10 minutos montaña arriba y estás en medio del sol!” —es la respuesta del hijo de esta tierra cuando se le comentan los devastadores efectos anímicos de los días grises. Vean un ejemplo que encontré en la web. Dice Guy Dupraz, un fotógrafo ginebrino: “A veces hay que saber elevarse sobre las brumas de este mundo... para eso, cuando hay demasiada niebla en Ginebra y sus alrededores, tenemos el Salève! Allí uno creería casi estar junto al mar con un gran sol sobre la capa blanca.”

Claaaaaro, “elevarse sobre las brumas de este mundo”... pero ocurre, mi viejo, que yo no vivo ni trabajo arriba del Salève, sino precisamente debajo de la “capa blanca”! Ginebra está junto a la punta del lago Léman, abrazada por dos cadenas de montañas, el Jura al noroeste y el Salève al sudeste. Ambas forman una especie de olla sobre la cual en otoño/invierno un manto de nubes se deposita un día sí y el otro también; en el fondo de la olla está la ciudad. Sí, debajo de la “capa blanca” que se aprecia en la foto acá abajo.

[La foto fue removida de su sitio por Monsieur Dupraz. Es que evidentemente era demasiado...]

Inútil comentar cómo nos sentimos bajo ese manto brumoso con quienes adoptan la actitud defensiva del ginebrino típico. Ellos no saben nada de depresión invernal. Ese es un problema de los alemanes, acá no pasa... Ja! Y entonces por qué cada otoño, en el ginebrino barrio St Jean organizan un festival “anti-brouillard” (= anti niebla)? Por qué, eh?

O me van a decir acaso que es casualidad que Louise-Anne Bouchard, una escritora canadiense que vive en Suiza desde 1990, haya publicado en 1999 una novela titulada “Les sans-soleil” (= Los sin sol; o, tal vez, Los desolados)? Ah, es porque es canadiense?

Pues bien, y entonces qué me dicen de Claude Goretta, cineasta nacido en Ginebra (1929), que en 1987 filmó “Si el sol no volviera” (Si le soleil ne revenait pas)? Es la historia de una villa en la ladera de una montaña, en la cual el sol no brilla nunca en invierno. Un profeta anuncia que habrá guerra (la acción transcurre en 1937) y que el sol nunca volverá a brillar. Una parte de la población se resigna y ahoga su pena en alcohol, otra parte no pierde la esperanza y lucha —estos últimos verán un nuevo amanecer. (Cómo? Que una golondrina no hace verano? Bueno, en 1991 Goretta filmó “La sombra” [L’Ombre]... qué tal?)

Por supuesto, es mejor enfocar el aspecto festivo del otoño, la temporada de ferias y celebraciones ligadas a las cosechas. Así lo hace, por ejemplo, SwissWorld.org, un portal de relaciones públicas de la Confederación. Allí el incauto leerá sobre mercados de cebollas, acciones de gracias, disfraces, y en general un ambiente con cierto sabor carnavalesco que al lector avisado le hará sospechar que el motor detrás de tanto jolgorio es la desesperación por la larga cuaresma invernal que se avecina...

(Siendo como es un portal de relaciones públicas, destinado básicamente a atraer turismo, es notable que SwissWorld reconozca que “es muy difícil pronosticar cuántos días al mes son días de sol”; el arranque de sinceridad es aún más notable dado que está referido —atención a esto— al verano!)

[Nota del 5 de septiembre de 2007: la cita textual anterior estaba acompañada por un link a la página de SwissWorld de dónde la había tomado, pero esa página ha desaparecido; seguramente era demasiada sinceridad para un sitio de relaciones públicas.]


De hecho, me parece que la fiesta del día de San Martín tal como se celebra en el pequeño pueblo de Sursee, en el cantón de Lucerna, muestra claramente la hilacha. Esta “tradición única” —como enfatiza SwissWorld— recibe el nombre de “Gansabhauet” (= decapitación de la oca). Un ganso muerto cuelga de una cuerda sobre una tarima, y alegres participantes compiten para ver quién lo decapita de un sólo golpe con una espada sin filo y los ojos vendados. El vencedor —es decir, el verdugo victorioso— se lleva el ganso de premio.

A mí el hecho de que, además de la venda en los ojos, la tradición marque que los concursantes deban cubrirse la cara con una máscara dorada que representa precisamente al sol me da mucho que pensar. Hay algún psicoanalista en la sala?

Por si a alguien le interesan los datos científicos:

Horas de sol por día en Ginebra (diciembre da ganas de llorar)

Días de niebla por mes (donde se ve que en Zürich es aún peor) [Disculpas: esta página ha sido removida por MétéoSuisse]

Todo sobre la depresión invernal (divulgación).

En otro orden de cosas, las fotos de paisajes ginebrinos tomadas por Guy Dupraz son excelentes. Aparte de las dos que tomé prestadas para esta nota, se las puede disfrutar aquí (y aquí de la ciudad vieja en particular).

1 Responses to “De olvido, siempre gris”

  1. Adrian says:
    viernes, febrero 16, 2007

    Tremendo post! Me encanto. Yo escribi una vez, pero sobre la primavera: http://kosmaczewski.net/2006/04/28/primavera-en-verde-y-azul/
    Un abrazo!