Chateando sobre Dios, psicópatas, amor y otras yerbas

12 abril 2007 | Publicado en | 4 comentarios

—Nooo, estás completamente loco! Vas a espantar a los pocos que visitan tu blog —me dice mi amigo Walter, con quien estoy chateando en el MSN, cuando le comento el tema que estoy pensando para el próximo post de Porteños...
—Pero por qué, si es muy interesante —argumento débilmente, tratando de defender la idea pero no demasiado convencido.
—A, sí? Y por qué, se puede saber? A menos que hayas decidido convertir Porteños en Ginebra en Beatos en Ginebra...


Mi amigo Walter siempre hizo gala de ese humor ácido, filoso, sarcástico que es muy divertido cuando el que está en la mira no sos vos. Pero yo no me doy por vencido tan fácilmente y decido contraatacar con brío. Así que le explico que mis anárquicas lecturas de semana santa incluyeron la transcripción de una charla que dio en la Radio 4 de la BBC un tal Jeffrey John, y que me gustaría compartirla en el blog como complemento del último post.

—Ah, sí? Y se puede saber qué es lo que John Jeffrey dice que es tan interesante? —pregunta mi amigo.
—Es Jeffrey John, no al revés —le aclaro—. Mirá, lo que me llamó la atención es la manera en que el tipo se carga sin cortapisas la imagen tradicional de un Dios que necesita castigar a su Hijo único con la muerte en la cruz para “saldar” los pecados de sus otros hijos descarriados, que venimos a ser nosotros.
—OK, te escucho —se resigna Walter, y yo sospecho que, a doce mil kilómetros de distancia, en otra ventana de su laptop está abriendo la página de YouTube.

Para empezar, Jeffrey John, a quien por razones de comodidad y sin que implique familiaridad alguna llamaré de aquí en mas JJ, pasa por las armas (de la crítica) la explicación tradicional del sacrificio de Jesús. Esa explicación es, más o menos, la siguiente: Dios estaba muy enojado con nosotros los seres humanos por nuestros pecados, y como es un Dios justo, esos pecados tenían que ser castigados. Pero en vez de castigarnos a nosotros, envió a su Hijo, Jesús, como un substituto a sufrir y morir en nuestro lugar. Su sangre pagó el precio de nuestros pecados, y por eso Dios ya no está enojado con nosotros; es decir... nos perdona.

“Ya a la edad de diez años —dice JJ—, creía que la explicación tradicional era bastante repulsiva e insensata.” Qué clase de Dios es ése —se preguntaba JJ mientras se calzaba sus pantalones cortos para ir a la iglesia— que necesita ver correr la sangre de su propio hijo para calmar su enojo con el mundo y las criaturas que él mismo creó. Y de cualquier manera, por qué debería Dios perdonarnos a nosotros a causa del castigo sufrido por otro? “Era peor que ilógico —razonaba, precoz, JJ—, era demencial. Hacía que Dios pareciera un psicópata. Si alguien se comportara de este modo diríamos que es un monstruo.”

Y entonces qué? Bueno, para JJ la naturaleza del Dios de Jesús no es bien representada por la imagen del Dios airado y “justiciero” —para no decir vengativo— que no conoce la misericordia. Por el contrario —dice JJ—, Dios es amor, ésa es la verdad esencial acerca de él. El Dios de ira y castigo es en realidad una proyección humana. Porque si Dios es verdaderamente Dios, no puede ser menos misericordioso que el mejor de los seres humanos.

—Bárbaro —me interrumpe Walter—, y entonces por qué al flaco lo hicieron picadillo, lo agujerearon y lo dejaron reventar claveteado a un poste. Flor de amor, eh?
—Qué flaco?
—Jesús, salame...

Según JJ, el punto es que sí, eso es exactamente lo que pasó. Pero no es que al morir en la cruz Jesús estuviera reconciliando a un Dios lleno de enojo con nosotros, sino más bien lo contrario; en la cruz un Dios amoroso, encarnado en Cristo, nos reconciliaba a nosotros con él.

—No entiendo —dice mi amigo—, ni un joraca.

Yo tampoco del todo, la verdad sea dicha. JJ dice que en la cruz de Cristo un Dios amoroso se une a quienes ama, es decir a nosotros, y está junto a nosotros hasta el final. “Dios entra su propia creación y va hasta el fondo de ella por nosotros. No enviando a un substituto para descargar su castigo sobre él, sino yendo él mismo hasta el amargo final, compartiendo el peor sufrimiento y pesar que la vida puede arrojar sobre nosotros, incluso hasta la muerte.”

—No estoy seguro de seguirte —dice Walter—, por qué no dejamos esto para otro día, se está haciendo tarde.
—No hay problema —le contesto—, pero ya terminamos.
—Cómo?

Sí, eso es todo. JJ dice que tenemos que ser capaces de superar la fijación en la imagen de un Dios todopoderoso que castiga desde el cielo para lograr entender que en realidad Dios está acá abajo, sufriendo y muriendo a nuestro lado.

—Y? —pregunta Walter, lacónico.
—Y ya está. Qué te parece?
—Muy abstracto, y con un montón de problemas sin resolver.
—Cómo cuáles?
—Al final, el flaco muere o no por nuestros pecados?

JJ piensa que sí. Al menos eso parece cuando dice que “el precio de nuestros pecados es pagado, pero no a Dios sino por Dios”. También habla de que Dios “absorbe en sí mismo nuestra naturaleza caída y sus consecuencias”.

—Entonces —dice mi amigo—, no veo demasiada diferencia... Vos sí?

Pregunta difícil la de Walter. A mí me convence, y mucho, la liquidación del estereotipo tradicional del Dios psicópata, incluso francamente sádico. Si tuviera que imaginar un Dios, sólo podría ser uno que —como JJ dice— “sepa qué es ser el perdedor”, uno que “sufra, llore, sangre y muera”. Porque al fin y al cabo —y esto lo digo yo, no JJ— qué otra cosa podría esperarse de un Dios que, habiendo creado este mundo —y con “este mundo” quiero decir Darfur, Irak, desnutrición infantil, SIDA, terrorismo, tortura y un largo etcétera—, realmente ame a sus criaturas. Si las dos cosas son ciertas, como que no le queda otra.

—O sea que, según vos, en realidad seríamos nosotros los que tendríamos razones para estar enojados con Dios —dice Walter, provocador.
—No exactamente, o no del todo, porque nosotros también somos responsables por una enorme cuota del sufrimiento que hay en este mundo, y lo sabemos.
—“No exactameeeeente, no del tooooodo...” —me hace burla mi amigo—. No me jodas, vos estás diciendo que el chabón se mandó una gran gran moco y tenía que comerse el garrón para redimirse —mi amigo ataca con esa habilidad tan suya para sintetizar, clarificar y dejarte pagando en el camino.
—Más o menos... —dudo— No sé si lo pondría en esos términos, aparte de que el tuyo me parece un lenguaje algo irrespetuoso para referirte al Ser Supremo; yo que vos tendría más cuidado. Pero cuando JJ dice que en la cruz de Cristo Dios nos reconcilia “a nosotros con él” parece apuntar en esa dirección, no? Aparte, está como claro que en la creación algo no salió como hubiera debido...

—Y eso es culpa de él, que o bien metió la gamba desde el principio o bien dejó que las cosas se le fueran de las manos, y por eso necesita redimirse por medio del sufrimiento?
—No sé. JJ dice que se trata de “un misterio que difícilmente podemos vislumbrar, ya no entender; y que si hay una respuesta al problema del sufrimiento, quizás sea una para el corazón, no para la razón. Porque Dios se ha dado a sí mismo como respuesta, mostrando que bien lejos de infligir sufrimiento como castigo, él carga con nuestro dolor y comparte nuestros pesares”.

—Mmmmssséee —dice Walter—, y suponiendo que las cosas fueran así, a nosotros en qué nos beneficia?
—JJ no desarrolla ese punto más allá de afirmar que mediante todo esto Dios “nos ofece una nueva relación con él”. A mí me parece que tiene razón en esto: si el Dios sádico es reemplazado por un Dios que acompaña solidariamente al ser humano hasta el fondo de su dolor y desesperación, efectivamente la relación con él no es la misma.
—Suponiendo que hubiera alguna relación —dice Walter—, lo cual no es evidente.
—Exacto, tenés razón —mi amigo ama que uno le dé la razón, pero además en este caso es cierto.

—Y era esto lo que te parecía taaaaan interesante? —pregunta Walter, impiadoso— A mí me sigue pareciendo un tema pianta-lectores.
—Naaaah —le respondo, aparentando una seguridad que en realidad no tengo. Walter puede ser sarcástico, pero tiene sentido común, me digo. Capaz que tiene razón...
—OK, allá vos —mi amigo cierra el tema, que para él claramente se ha agotado—. Pero te digo una cosa: si lo vas a hacer, por lo menos que sea corto...

[Imagen: Hieronymus Bosch, Cristo llevando la cruz, 1515-16, óleo sobre madera, 74 x 81 cm, Web Gallery of Art]


4 Comentarios

  1. Luciano says:
    sábado, abril 14, 2007

    Bueno, pianta lectores no.
    Al que le interesa el tema que lo lea, y lo mas importante es que estas iniciando un dialogo a partir de algo que te intereso a vos. Bien podrias decir que nadie opine porque eso atacaria tus convicciones, pero no lo hiciste.
    Y aclaro, soy mas ateo que un jugo de limon, sin embargo mi madre intento criarme dentro de la religion catolica, asi que aunque sea de raspon toca un tema que llena el volumen de la cultura de occidental.
    Un saludo.

  2. Leandro Suarez says:
    sábado, abril 14, 2007

    Hola SpinDoctor.

    Aclaro que soy ateo. Fui creyente ya que vengo de familia cristiana e hice la escuela en una institución católica, pero ahora ya no. Aún así me interesa mucho la religión, como tema de estudio histórico y, principalmente, humano. Por este motivo encuentro muy interesante lo que contás, y lejos de espantarme, en este caso, me atrajo.

    Particularmente la idea del Dios vengativo me parece socialmente muy útil. No es que me parezca que esa utilidad sea buena o necesaria en sí misma, pero a lo largo de la historia se le ha dado uso en esa dirección. Tantas veces uno escucha que al final de la vida está el premio o el castigo. Y uno le tiene más miedo al castigo que ganas de quedarse con el premio (a veces pienso que si no nos aventuraran el castigo eterno por las cosas malas y simplemente no fuera nada, mucha gente decidiría esto en lugar del premio, pero es sólo un estúpido pensamiento personal).

    Supongamos que Dios existe. Además supongamos que existe y es el Dios de los Cristianos. Supongamos además que Cristo es el hijo de Dios y que llegó a la Tierra para redimir nuestros pecados. Sea que nosotros nos acerquemos a Dios, o que su hijo (o Dios mismo) pague en carne propia con derramamiento de sangre sigue siendo una idea muy dura.

    Nos enfrentamos, querramos o no, a la utilidad del castigo, del sufrimiento y de la visión global del cordero sacrificado. Después de todo nadie niega que Jesús se sacrificó por nosotros. La idea del sacrificio nunca me cerró.

    "El Evangelio según Jesucristo" muestra una faceta muy interesante de la relación Padre-Hijo. Con un Jesús totalmente reticente a pasar a la historia colgado de una cruz y cargando con el peso correspondiente. Y del otro lado un Dios bastante humano, con intereses y apuestas a futuro interesantes. Es la idea que más me atrajo, aunque claro, muestra a un Dios -si se quiere- despiadado. Pero en el fondo no es así. Sabe que hay veces que para ganar uno tiene que apostar algo, y el Padre apuesta al Hijo, sabiendo que al perderlo avanzaría muchísimo en su conquista sobre los hombres.

    Uf, me fui demasiado con el comentario. Esto da para largo, pero no quiero aburrir mucho. Como te dije, me interesa mucho la religión, leo bastante y me gusta charlar tanto con gente creyente como con gente que no cree.

    Te mando un abrazo y el otro día, cambiando de tema, fui a conocer Ginebra que no conocía. Pero eso te lo cuento aparte.

    Salute!

  3. SpinDoctor says:
    martes, abril 17, 2007

    Hola, Luciano:
    Es cierto que el tema es relevante en el contexto de nuestra cultura mas alla de las convicciones personales. Cuales son las imagenes de Dios vigentes y/o dominantes en una cultura dada va a tener mucho que ver con el modo en que esa cultura da forma a las vidas de los individuos y grupos dentro de ella. Entre otras cosas, claro. Y eso vale para otras culturas tambien, basta leer los diarios cualquier dia.

    “Mas ateo que el jugo de limon”? :-)

  4. SpinDoctor says:
    martes, abril 17, 2007

    Hola, Leandro.
    La ideal del Dios garante de una justicia universal al final de los tiempos o de la vida de los individuos bajo la forma de premios y castigos parece haber perdido un poco adeptos en tiempos recientes, al menos entre quienes pertenecemos a una cultura occidental secularizada. Me parece que poca gente hace o deja de hacer algo por —digamos— temor al infierno. Sospecho que cualquier cosa que se ubique mas alla de esta vida ha pasado a tener un caracter altamente hipotetico para la gente en general, al punto de que muy pocos se calientan por ello. Ahora, no estoy seguro, pero si tengo que arriesgar, esto me parece un desarrollo positivo. Una suerte de madurez, si se me permite un criticable enfoque “evolucionista”.

    Tenes razon que se trata en el tema de la cruz de una idea muy dura: la utilidad del sufrimiento —si seguimos a JJ no se trataria de la utilidad del castigo, ya que la cruz no seria un castigo sino una expresion de solidaridad de Dios para con el ser humano. En ese sentido, me parece que en los terminos de JJ “sacrificio” no es un concepto completamente adecuado, o por lo menos tiene otro sentido: no el tradicional del sacrificio vicario —es decir, en lugar nuestro— sino el de una expresion de un amor incondicional —tipo el de la madre o padre que ponen al hijo/a por encima de todo otro interes. Pero incluso JJ reconoce que el problema es grosso, y de alguna manera lo dejando picando ahi cuando plantea que en la cruz tal como el la entiende se trata de una respuesta que no apunta a la razon, sino al corazon, y de que el sentido del sufrimiento permanece siendo un misterio.

    No he leido “El Evangelio según Jesucristo” —te referis al libro de Saramago, supongo—, asi que no se...

    Saludos.