Choques culturales: La mamá de otra religión

24 mayo 2007 | Publicado en | 5 comentarios

Acá en Ginebra, la probabilidad de interactuar con personas que adhieren a religiones distintas de la cristiana es bastante más alta que en Buenos Aires, donde alrededor del 95 por ciento de la población profesa —o al menos se reconoce nominalmente parte de— algunas de las variantes del cristianismo, especialmente la católica romana. Por eso uno de los “choques culturales” que hemos experimentado —es decir, sobre todo mi esposa en este caso— se dio cuando la escuela nos puso en contacto con una mamá que profesa otra religión.

El contacto se dio un poco por casualidad: una amiguita de nuestra hija tiene una hermana mayor que está en la misma clase que el menor de los críos de esta mujer. Ella es europea pero no suiza. Vino muy joven a Ginebra, sin familia, y se enamoró de un atractivo joven que profesaba una religión distinta a la suya. Decidieron casarse, y para eso ella, que era católica, debió convertirse a la religión del que iba a ser su marido. No eligió hacerlo voluntariamente, pero como parece que no le quedaba otra opción si quería casarse con él, aceptó.

Cuando habla con las otras mamás de su casamiento, esta mujer recuerda que en la ceremonia debía decir una serie de cosas en un idioma que no era el suyo. Su futuro suegro la entrenaba en la repetición de esas fórmulas cuyo contenido no comprendía. Un día ella le preguntó qué estaba diciendo. El hombre le respondió que no tenía necesidad de saber. Que se limitara a repetir las palabras —los sonidos, podríamos decir, ya que no comprendía su significado— de memoria.

Su nueva religión le impone una serie de restricciones que ella sufre en silencio. Debe vestir de una manera sumamente discreta, más bien severa. Colores oscuros, ropa holgada, cuellos abotonados, mangas largas. Básicamente, no puede tener al descubierto otra cosa que las manos y el rostro. Pero no, al menos no tiene que cubrirse el rostro ni la cabeza.

Cuando su hermana viene sola a visitarla, el marido de ella no puede estar en el departamento (no le está permitido estar bajo el mismo techo con una mujer que no es su esposa y que no está acompañada por un varón “a cargo”, es decir marido o padre). Entonces el chabón se va unas horas por ahí para que la hermana pueda estar con ella. Esto obviamente no alienta las visitas de la hermana.

Ella, por su parte, no está autorizada a visitar en sus casas a las mamás de los compañeritos y compañeritas de sus críos, quienes por su parte tampoco pueden asistir a las fiestas de cumpleaños de sus amiguitos. En realidad, ella ni siquiera puede visitar a sus propios padres, que siguen viviendo en su país. Esto es una de las cosas que más le duele, confiesa. Cuando llega el verano, está obligada a pasar las vacaciones escolares completas en la casa de sus suegros, en el país de origen del marido.

Una vez al año los adherentes de esta religión observan ciertas reglas de alimentación “inhabituales”. Durante varias semanas, sólo pueden comer y beber muy temprano y muy tarde en el día, pero nada —absolutamente nada, ni beber agua— durante el día. El período en el cual ni comen ni beben se rige por el horario oficial que publica el diario para la salida y puesta del astro diurno. Esta mujer prefiere omitir el desayuno, porque tomarlo la obligaría a levantarse muy temprano. A la tarde, dice, se siente mal, tiene los labios resecos, está agotada, se pone irascible y pierde la paciencia con los críos.

Las mamás simpatizan bastante con esta mujer. Con el marido bastante menos. No pueden dejar de notar —y comentar, claro, mientras esperan que suene la campana y los críos salgan de las aulas— que él se viste con ropa de marca; o que disfruta de cosas como asistir a espectáculos deportivos, incluso viajando a algún país vecino para ello; o que sólo va diez o quince días de vacaciones a su casa paterna, donde su esposa pasa el verano completo... No les parece justo a las mamás que él, que impone tantas y serias restricciones a su esposa, pueda en cambio “darse sus gustos”, andar libremente por ahí, disfrutar de ropas y entretenimientos occidentales. No que el tipo haga nada malo. Pero ella tampoco lo haría si pudiera vivir lo que para las otras mamás es simplemente una “vida normal”.

Y el choque cultural? Consiste en interactuar con esta mujer que —a juicio de las otras mamás— sufre un sometimiento injusto, y que la hace bastante infeliz, en virtud de ciertos mandatos religiosos que debió aceptar únicamente porque se enamoró del “hombre equivocado”. Pobrecita, estaba sola en un país extraño y era muy joven —dicen las mamás.

Y las que tienen hijas no pueden evitar mirar con decidida desconfianza a los compañeritos varones de sus hijas cuyas familias profesan esa religión (siempre hay alguno en la clase). Ojalá que los cambien de curso —decía una mamá un día, sin ánimo discriminatorio alguno, sino simplemente expresando el deseo de que hubiera una distancia protectiva entre su pequeña y un futuro de sufrimientos innecesarios —una legítima aspiración mater y paternal.

Otra mamá comentaba que cuando su hija creciera le iba a dar a leer una novela —fue un bestseller— que cuenta las desventuras de una mujer estadounidense que se casó en su país con un señor inmigrante que profesaba esta religión y que vivió una pesadilla cuando viajó con él, una vez casados, a su patria (la de él).

Cuando más arriba escribí que no hay ánimo discriminatorio no era una ironía. Ninguna de las mamás tiene “problemas” con la presencia de personas de esa religión en el país (siendo en su mayoría extranjeras ellas mismas, difícilmente podrían tenerlos sin “escupir al cielo” por así decir). De hecho piensan que para las mujeres que fueron criadas dentro de esos preceptos es probable que las cosas sean más llevaderas. Pero no quieren para sus hijas algo que ven y juzgan como claramente insatisfactorio, si no doloroso.

El tema es sumamente complejo. Tiene que ver con valores como la tolerancia, el respeto por el otro, la aceptación del diferente. Pero también tiene que ver con asuntos como la imposición de modelos patriarcales legitimados religiosamente, el sojuzgamiento de la mujer, la negación de derechos habitualmente reconocidos entre nosotros como no ya humanos sino de simple sentido común (visitar a y ser visitado por la familia de uno, por ejemplo).

Cómo encarar el tema de la integración o convivencia con fieles de esta religión —un tema que por otra parte preocupa actualmente a toda Europa— sin caer en el multiculturalismo naive ni en el segregacionismo fascista? El “choque cultural” consiste en tener que plantearse estas preguntas, que difícilmente nos hubieran pasado por la mente en Argentina.

Para nosotros el problema es un poco abstracto, porque cuando llegue el momento de que nuestra pichoncita tenga edad para formar pareja casi seguramente ya no estaremos aquí. Así que es probable que el fantasma que atemoriza a las mamás de la escuela ya no pueda asustarnos. O al menos preferimos pensarlo así —aunque somos conscientes de que habrá otros fantasmas que nos quitarán el sueño, claro... :-)

[Addendum: Los comentarios me han hecho ver que el párrafo anterior se detiene en un aspecto más bien banal. Vivas donde vivas, siempre podés encontrarte con personas manipuladoras o que se aprovechan de los demás, con o sin legitimaciones religiosas o de cualquier otra índole; estas actitudes no son patrimonio exclusivo de ninguna religión ni cultura en particular, las hay en todas partes. La cuestión pasa por si vos estás dispuesto a permitirlo, a someterte. Quiero decir, para nosotros como padres, no se trata meramente de poner distancia, sino fundamentalmente de educar a nuestra pichona en el respeto de sí misma; de ayudarla a que desarrolle una personalidad razonablemente sana y segura de sí, que le permita rechazar por principio todo sometimiento cualquiera sea el adorno que lo acompañe.]

Pero volviendo al tema de la nota, esta realidad que a nosotros se nos ha aparecido bajo la forma de “choque cultural”, seguirá presente e incluso ira in crescendo, y en dimensiones aún más complejas que ésta de la que aquí hemos tratado. Ojalá se resuelva para bien.

El arte original, que yo me tomé la libertad de reelaborar, viene de aquí.

5 Comentarios

  1. Silvina says:
    viernes, mayo 25, 2007

    Hola Spin, tantas luces sin venir!!, me encanta la foto que le has puesto como fondo al título.
    Con respecto a la entrada mirá es todo un tema, vos sabés que donde yo vivo especialmente en el barrio donde vivo, la población que hay es en un gran porcentaje proveniente de Africa y tb. de aquella a la que te referís en la entrada. No hace mucho tuve un debate con una catalana que defiende la independencia y a la estirpe catalana como nadie, que se horroriza porque los andaluces y muchos provenientes de otras regiones de España, no quieren aprender su idioma, allí es donde entra esta gente con culturas radicalmente opuestas entre si y con la nuestra, ¿que sucederá con las próximas generaciones de catalanes??, ambas culturas que juegan de visitantes xel momento son patriarcales regidas por imposiciones y por lo tanto sometimientos, ¿que sucederá...?, un ejemplo, de esta situación a largo plazo o no tan largo es la población afroamericana, yo observo la actitud de esta gente que son quizas primera o segunda generación, no más, de nacidos en esta tierra, con la que habíta hace ya varias generaciones en U.S.A, es su postura, aunque te paresca loco, exactamente la misma, como si fueran todos parientes, hay algo mas que conservan aparte del color de su piel. (ehi, sin ánimo de racismo), de la misma forma que nosotros conservamos mucho de nuestros orígenes europeos, ellos conservaran por siempre su origen, el que sea. Los afroamericanos, lejos muy lejos atras en el tiempo, dejarón a Dios gracias, la esclavitud, ahora ellos mismos tienen su autoesclavitud, a mi humilde entender, no se terminan de integrar y aquí sucederá lo mismo, estará siempre la sociedad europea fragmentada, a no ser uno que otro caso aislado que decida salirse por alguno de los dos lados.
    Ojalá todo te salga bien y tus deseos se cumplan y puedas marcharte antes de que tu niña pueda decidir quedarse. Un abrazo y siempre es un gusto leer tus notas.

  2. Cieguilla says:
    viernes, mayo 25, 2007

    A mi tambien me gusto mucho la foto :-)

    Cuando llegue a este pais ignoraba la cantidad de gente de otras culturas que conoceria, ya que yo tambien era muy joven (y estaba sola). Con el tiempo fui trabajando con mucha gente de otros paises, culturas y religiones y conoci casos como el de esa mama.

    Yo creo que hay que ver que precio tiene/tuvo su amor, porque cuando uno deja de ser la persona que es para complacer al otro esta entrando en un terreno muy peligroso, en el que dudo que se pueda ser feliz.

    Entiendo claramente que lo de no discriminar no es una ironia, ya que a mi tampoco me gustaria ver que mi hermana, por ejemplo, se enamorara de alguien de esa religion y tuviera que cambiar su vida radicalmente.

    Saludos!

  3. Laura Berra says:
    sábado, mayo 26, 2007

    Es cierto que acá en Argentina no solemos ver ese tipo de cosas sino más bien estamos enterados que existen. Lo que me impactó fue la forma en que escribiste el post, llegó, realmente llegó y aún a la distancia te deja pensando. Saludos,

  4. CB says:
    lunes, mayo 28, 2007

    Qué tema! De esos para encontarse , conversar, y tratar de comprender. Que aportan a sacudirte el interior. Por lo menos a mí así lo hizo.

  5. SpinDoctor says:
    jueves, mayo 31, 2007

    SILVINA, me doy cuenta de que hacia el final del post me quede en un aspecto mas bien banal (la cuestion de la partida, que nos alejaria del problema.

    Como dice CIEGUILLA, el tema pasa por otro lado: si, y por que, una persona dejaria de ser quien es para complacer a otra.

    Voy a agregar un parrafo al post sobre ese aspecto mas de fondo.

    LAURA, efectivamente esta problematica parece muy lejana de la Argentina, pero la globalizacion acorta las distancias.

    CRISTINA, para tratar de comprender uno tiene que lograr sobreponerse al rechazo inicial que se siente.

    Les gusto la ilustracion? No es nada... Apenas un poco de Photoshop. :-)