Dónde soy, quién estoy?

01 mayo 2007 | Publicado en | 4 comentarios

Bueno, sí, lo admito: yo soy un poco despistado. Pero no es ésa la razón por la cual recién descubrí que estaba —e iba a pasar tres días y tres noches— en Amberes cuando entré a la habitación del hotel Ibis de esa ciudad. Tampoco es que las habitaciones de ese hotel sean un espacio especialmente propicio a las revelaciones ni a las iluminaciones; más bien todo lo contrario. Estoy convencido de que se trató, en realidad, de un caso de universos culturales diversos y mutuamente excluyentes.

—O eso, o que sos un nabo —me responde mi amigo Walter, siempre comprensivo y dado a la empatía con el otro, cuando le cuento, vía MSN, lo que me pasó.

Resulta que, por causa de mi trabajo, tenía que pasar tres días en Bélgica, más precisamente en la ciudad de... Antwerp. Como no tenía la menor idea de dónde quedaba, consulté Google Maps. OK, Antwerp está un poco al norte de Bruselas. Descubrí que hay un ómnibus desde el aeropuerto de Bruselas cada hora y que el viaje toma unos 45 minutos. Así que compré un pasaje en Brussels Airlines Ginebra-Bruselas-Ginebra. Busqué una página de hoteles en Antwerp y reservé una habitación en el Ibis. Y, hombre preparado vale por dos, busqué “Antwerp” en Wikipedia e imprimí el artículo para leerlo más tarde, probablemente en el vuelo; vi, eso sí, que el nombre original de la ciudad era Antwerpen, lo cual francamente tenía la misma probabilidad de causar una sinapsis en mi decreciente masa de materia gris que —digamos— un choque de meteoritos en la galaxia Andrómeda. Y así fue como, cuando llegó el día señalado, partí hacia... Antwerp.

—Evidentemente, no te importaba un joraca a dónde ibas, no? —pregunta, certero, Walter.

Bueno, dado el carácter de lo que tenía que hacer —pasar dos días enteros encerrado en una sala de conferencias—, me daba lo mismo dónde fuera. Y como sólo tenía libre medio día —la mañana del sábado—, tiempo que según mi experiencia sólo alcanza para adquirir los inevitables souvenirs y, con suerte, ver una cosa —un museo, o una iglesia antigua, o un barrio pintoresco, etcétera—, sobraba tiempo para decidir qué ver una vez que estuviera allí.

Llegado a Antwerp y una vez en la habitación, se me ocurrió leer la tarjeta de bienvenida del hotel, que estaba escrita en holandés y francés. Y fue recién ahí, al leer “Bienvenue à l’hôtel Ibis d’Anvers” que un audible click resonó en mi cerebro: Anvers... Anveres... Amberes. Oia: pero entonces estoy en Amberes!

Unos pocos bits de información almacenada probablemente en forma de enlaces moleculares en algún recóndito rincón de una red neuronal no identificada vibraron y, al hacerlo, emitieron una débil señal que recorrió multitud de axones hasta llegar a mi conciencia. Amberes... Amberes... era una ciudad europea muy importante... qué cuernos era lo que había pasado en Amberes? No fue mucho lo que pude recuperar de mi memoria, pero supe que iba a lamentar disponer únicamente de medio día para visitarla.

—Y qué tiene que ver todo esto con los universos culturales y la mar en coche? —pregunta Walter, escéptico.

Fácil, le digo, no te das cuenta? Lo mucho o poco que aprendí sobre Amberes en las lejanas clases de historia de la escuela secundaria se refería a Amberes, no a Antwerp ni a Antwerpen. Y cuando me encontré en la situación de tener que ir a Antwerp, no había manera de que la relacionara con Amberes; era simplemente una ciudad belga de las muchísimas ciudades belgas de las que jamás oí hablar en mi vida.

—Uhmm, no sé, a mí me sigue pareciendo simple despiste, por no decir otra cosa —insiste Walter, que es, como ya te habrás dado cuenta, un hueso duro de roer.

—OK, puede ser que tengas razón. Querés ver unas fotos de la catedral y sus alrededores, que fue lo único que pude ver? —le propongo, como para cambiar de tema.

—Bueno, dale.

La catedral. Impresionante.

Un grupo de confesionarios. No tenés baldosas...

Hace unos 200 años, Cornelis de Smet (1742-1815) esculpió un San Marcos al que acompaña este simpático león. Yo que Cornelis le hacía juicio por usurpación de derechos de autor a los productores de El Planeta de los Simios.

Detalle del tríptico de Rubens sobre la crucifixión de Jesús. Ésta es una de las mujeres que observa la escena desde el panel de la izquierda. Sospecho que es lo que en la escuela barroca flamenca se llama Senus Gratis —vulgo: Teta exhibida porque sí.

Pedro contrito por haber negado al maestro.

Y éste es... Rubens!

Otro héroe nacional: Tintin.

Siglo veintiuno, cambalache.

Edificios de los gremios del siglo XVI.

Brabo, el héroe que venció al gigante Antigón, en el momento de lanzar la mano que le cortó al grandote.

Mano que vino a caer acá.

4 Comentarios

  1. Cieguilla says:
    miércoles, mayo 02, 2007

    Muy lindas las fotos, especialmente la del simio. Se ve que con solo medio dia libre pudiste pasear bastante :-)

    Saludos!

  2. Luciano says:
    jueves, mayo 03, 2007

    Pero en el articulo de Wiki decia que era Amberes!
    Muy lindas fotos, grandota la mano.

  3. mardevientos says:
    jueves, mayo 03, 2007

    De amberes recordaba cien las clases de historia y la improtancia de puerto...!!...
    Y no te aflijas,. que a mi, en tu lugar, me pasaba seguramente lo mismo!.

  4. SpinDoctor says:
    jueves, mayo 03, 2007

    Me alegra que gusten las fotos, gente —pero me parece que ustedes me halagan... ;-)

    Asi que el articulo de Wikipedia daba el nombre "Amberes" en español? No te dije que soy despistado! La verdad es que yo no lo lei, o no lo registre...

    De mis (muy lejanas) clases de historia ha quedado tan poco... :-)