Una con final feliz

08 mayo 2007 | Publicado en | 4 comentarios

Esta es una de las últimas fotos que tomé con mi Nikon D50. Fue en enero pasado en el estadio Kasarani de Nairobi, Kenia, durante el Foro Social Mundial, y la Nikon tenía poco más de un año de uso. El tercer día del Foro me la afanaron. De la manera más boluda que te puedas imaginar.

Era alrededor del mediodía y yo estaba sentado a una mesa haciendo algo en la compu. Dejé la cámara sobre mi bolso, apoyado en el suelo entre mi silla y la pared. En un momento dado, unos chicos de los muchísimos que vendían agua y frutas se acercaron a ofrecerme su mercadería. Compré. Y debe de haber sido en ese momento, mientras estaba distraído con ellos, cuando “me hicieron” la cámara.

Lo único que puedo decir en mi descargo, señor Juez, es que después de cuatro años en Suiza a uno se le van entumeciendo los reflejos.

—Bueno, tomalo como una contribución personal al desarrollo de las favelas de Nairobi —me dijo Paulino, un fotógrafo brasileño que conozco y que tiene una gran amplitud filosófica para enfrentar la desgracia... ajena.

No fui el único, por supuesto. Hubo una considerable cantidad de robos; eso sí, siempre sin violencia, aprovechando descuidos como el mío. Después de que me afanaron la cámara empecé a mirar alrededor mío con más atención y los veía —o me los imaginaba?— por todos lados: jóvenes cazadores, delgados, fibrosos, ojos alertas, escrutadores, apostados de a dos o de a tres, acechando a las potenciales presas, semblanteándolas y tasando lo que llevaban encima de un vistazo. Y por qué no? No es acaso la ley de la savana que el más veloz da caza al más lento, al más descuidado, al más gordo, sobre todo si está entorpecido por artilugios diversos: cámaras, lap-tops, billeteras, tarjetas de crédito?

No puedo ocultar que experimenté una moderada satisfacción ante la desgracia ajena cuando también Paulino hizo su contribución personal al desarrollo de los sectores postergados de Nairobi un par de días más tarde, mientras tomaba fotos en medio de una aglomeración, oportunidad que alguien aprovechó para aligerarlo de 50 dólares que llevaba en el bolsillo.

Yo decidí no hacer la denuncia policial: para qué? No tenía ganas de que encima los canas me tomaran el pelo en swahili. Me despedí silenciosamente de mi Nikon —que, irónicamente, no habíamos llevado a nuestras vacaciones a Buenos Aires por temor a que nos la robaran— y me consolé pensando que, afortunadamente, me habían afanado la cámara y no la compu. Porque era en la compu donde tenía almacenados tres años de fotos —sin backup de ningún tipo. Eso me hubiera roto el corazón. (Lo primero que hice al volver a casa fue copiar todas las fotos en CDs.)

De vuelta en la oficina, recogí diversas muestras de simpatía de mis compañeros, hasta que mi amigo suizo —sí, por el momento es sólo uno— me dijo que el seguro obligatorio que uno tiene que contratar acá cuando alquila una vivienda y que cubre daños a los bienes muebles contenidos en él (assurance ménage) cubre también el robo de esos objetos fuera de la vivienda e incluso fuera de Suiza.

Evidentemente yo no había leído el contrato de la assurance ménage porque no tenía la menor idea de que pudiera reclamarle al seguro que me reembolsara la cámara robada en Nairobi. No estoy seguro, pero me parece que no existe nada así en Argentina, no?

Naturalmente hacía falta la denuncia policial del hecho. Que yo no tenía. Tuve que pedirla a amigos en Nairobi. Tardaron, pero la mandaron. Más o menos tres meses después del robo, presenté el reclamo. La compañía de seguro lo aprobó en menos de una semana. Me reconocen el valor actual —no el precio que yo pagué hace un año— de la cámara y de la tarjeta de memoria y me descuentan una considerable franquicia (aproximadamente el 20% del total), pero... me reembolsan el resto.

Y, Colorín, Colorado, éste es el final feliz que menciono en el título de esta pequeña historia. Feliz para mí, obvio.

Moraleja 1: Hay que leer siempre los contratos, pueden encerrar sorpresas, incluso positivas.

Moraleja 2: Cuando el sistema funciona, es bárbaro.

Moraleja 3: Está todo pago, claro.


4 Comentarios

  1. Luciano says:
    martes, mayo 08, 2007

    Muy buena anecdota.
    Y muy buen sistema el del seguro tambien, casi increible.
    Es muy cierto que a uno se le van entumeciendo los reflejos para esas cosas, que se baja la guardia.
    Por otro lado es tan lindo vivi confiando en los demas.

  2. Luciano says:
    martes, mayo 08, 2007

    Ah, sobre la foto, excelente, tiene un dinamismo especial.

  3. SpinDoctor says:
    miércoles, mayo 09, 2007

    No se como sera en Irlanda, Luciano, pero lei varias veces por ahi que la poblacion suiza es una de las mas aseguradas en Europa, incluso se habla de sobreaseguracion. No se como me contaran en las estadisticas, pero yo estaba asegurado para algo y ni siquiera lo sabia... :-)

  4. Luciano says:
    jueves, mayo 10, 2007

    Aca no tanto, ahora como que estan tratando de vender mas pero no da para tanto.
    Son mas "latinos" aca, les importa un pito el mañana.