Y vos, por qué blogueás? (II)

28 mayo 2007 | Publicado en | 7 comentarios


Ha pasado ya cierto tiempo desde que escribí mi primera nota sobre este tema. Fue un éxito total. Recibió tres (3) comentarios y un amigo me escribió diciéndome que le había parecido pseudo-académica, aburrida y un cuasi-plagio —sí, yo tengo amigos así. Ante semejante éxito de crítica y público, decidí esperar un poco antes de continuar la saga. Pero acá estamos, listos para seguir blogueando riesgosamente...

Como ya conté en otra nota, nosotros vinimos a parar acá un poco por casualidad. Se trató, fundamentalmente, de una oferta de trabajo que no podíamos razonablemente rechazar. Cuando llegamos, mi esposa salió a enfrentar el mundo real, muy distinto al de allá de dónde veníamos, y que además hablaba en francés. Yo, por mi parte, me concentré en el trabajo.

Al comienzo, la curva de aprendizaje fue muy empinada. La organización, sus actividades, su cultura corporativa, mi laburo, los temas de los que me debía ocupar, el estilo del trabajo —todo era nuevo; y, encima, con todo ello había que lidiar en inglés, un idioma que en aquel momento yo estaba lejos de dominar.

Durante el primer año me traía laburo a casa regularmente, porque de otra manera no daba abasto. Con el paso de los meses las cosas empezaron a mejorar en todos esos frentes, y entonces el segundo año trajo varios eventos importantes de los que mi área debía ocuparse y un jefe nuevo que decidió “dejar en mis manos” cosas de las que la jefa anterior se hacía cargo; así que otra vez a traerme laburo a casa. El tercer año fue una locura: debíamos preparar el evento más importante de la organización y había que trabajar a destajo, incontables horas en la oficina y a la noche en casa.

El cuarto año, de pronto, las cosas cambiaron. El evento mayor había pasado, los medianos también, las actividades normales se desinflaron. Entramos en un proceso de “reestructuración”. Infinitas reuniones, discusiones sin término, montañas de papel, reelaboración incesante de los mismos proyectos. Mucha agitación pero pasar, pasaba poco. Yo me encontré con que, casi de un día para el otro, ya no tenía trabajo para traer a casa.

Paralelamente, una enorme incertidumbre se apoderó de todos o casi todos en mi trabajo. El fantasma del achique recorría los pasillos y, al igual que los muertos que veía el protagonista infantil en Sexto Sentido, tras de sí dejaba una estela de aire helado. Mientras tanto, el organigrama de la organización se estremecía como enfermo de Parkinson. El clima y la motivación laborales se deterioraban. En lo personal, mi contrato se acercaba a su término. Aunque lo hubiera tenido, yo ya no tenía ganas de traer laburo a casa.

En algún momento de ese año, recorté del diario una muy breve noticia de Reuters que decía más o menos así: “Los empleados que sobreviven al achique de la empresa donde trabajan tienen mayor tendencia a enfermarse.” La nota explicaba que entre empleados sobrevivientes de un downsizing los casos de depresión, enfermedades psicosomáticas y otras cosas por el estilo que ahora no recuerdo eran más frecuentes que entre empleados de empresas similares que no hubieran pasado por esa experiencia traumática.

En eso estaba yo cuando, más o menos hacia la mitad de ese difícil cuarto año —es decir a mediados de 2006—, decidí probar qué era eso de bloguear. Confieso que no llegué al blog enseguida; primero pasé por una etapa en las que dedicaba mis noches a mirar en el cable películas clase Z cuya línea argumental básica consistía en variaciones de “zombies armados con motosierras persiguen chica y chico” —no te rías, es un argumento que da para mucho.

Cuando decidí ensayar con el blog, empecé pensando que ésa podía ser la manera de resolver dos “problemas” prácticos en la comunicación vía correo electrónico con familia y amigos: [1] El frecuente rebote de los mensajes con fotos —por qué será que nuestro destinatario siempre tiene el mailbox lleno cuando le enviamos fotos?— y el consiguiente, trabajoso reenvío de las misma fotos una y otra vez. [2] La fastidiosa práctica de copiar y pegar el mismo relato —de las últimas vacaciones, o de un cumpleaños, o lo que fuere— en varios mensajes con distintos destinatarios. Postear en el blog relatos y reflexiones sobre nuestras experiencias en Ginebra con algunas fotos seleccionadas parecía una solución ideal a ambos problemas.

Aparte de sus posibilidades como medio para compartir relatos y fotos con familia y amigos, había aún dos motivos adicionales por los cuales el blog me resultaba atractivo. [3] Desde mi llegada a Ginebra, prácticamente había dejado de escribir en castellano. En mi nuevo trabajo todo —memos, e-mails, informes, presentaciones, proyectos, artículos— debía ser escrito en inglés; el blog se me apareció como una buena excusa para volver a escribir en mi lengua materna. [4] Después de haber leído bastante sobre el rol e impacto de los nuevos medios de comunicación “sociales”, tenía ganas de experimentar un poco con ellos por mí mismo.

Todo bloguer sabe cómo sigue esta historia. Búsqueda de un nombre adecuado para el blog —todos los nombres piolas están registrados—, elección de plantilla, lucha a brazo partido con el código de la bendita plantilla —uno, que no tenía ni la menor idea sobre lenguaje html, para no mencionar css— para lograr hacer eso que vimos en otro blog y que nos gustó tanto, incorporar un contador de visitas, aprender a subir fotos y que aparezcan como nosotros queremos, y un largo etcétera.

Publiqué la primera nota el 15 de junio de 2006. Desde entonces he publicado unas 70 en Porteños... y unas 50, más breves, en el desperdicio. Con el tiempo me fui “sofisticando”, sobre todo en el tratamiento de las imágenes —mucho Photoshop y algunas creaciones propias— pero también en la parte técnica. Por ejemplo, las notas de el desperdicio, que son fundamentalmente breves viñetas de color destinadas a aparecer como una suerte de “pirulo de tapa” en la parte superior de la columna lateral de Porteños..., ahora se publican ahí de manera automática, vía RSS —al principio las tenía que copipastear de un blog al otro manualmente. Soy consciente de que no utilizo todos los recursos que el medio ofrece, pero aún así, calculo que en conjunto debo de haber pasado más tiempo jugueteando con el código y el diseño del blog que escribiendo notas —por eso, últimamente, después de cada innovación de diseño me prometo que es la última... :-)

Cumplió el blog con las expectativas que me movieron a crearlo? Sí, en parte. Algo más bien obvio —pero que yo descubrí sobre la marcha— es que un blog no puede estar destinado fundamentalmente a familia y amigos y, a la vez, ser público. Por su carácter de experimento personal en la materia, Porteños... tenía que ser público, y este aspecto ha influido decisivamente en su contenido, que ya no está destinado únicamente a aquéllos a quienes lo estaba originalmente.

En materia de escritura la experiencia ha sido muy satisfactoria. Disfruto mucho de escribir en castellano. Escribir, en cualquier idioma en el que te sientas cómodo, siempre hace bien. Pero también disfruto mucho de escribir sobre lo que se me cantan las ganas sin tener que ajustarme a temáticas, pautas de extensión, fechas límite, correcciones políticas y otras imposiciones que normalmente acompañan la escritura en el contexto laboral. Escribir libremente hace muy bien.

Como humilde experimento en “social media”, el resultado es bastante positivo, aunque sin duda modesto. Quiero decir, Porteños... tiene pocos lectores, pero buenos. El blog ha encontrado un público reducido pero fiel, que aprecia su contenido, como lo muestra la encuesta aquí abajo.

Varios de los lectores del blog son a su vez autores de blogs de calidad y algunos de los blogs que linkean a Porteños... son muy populares. Un par de sitios —uno educativo, otro comercial— lo han recomendado a sus visitantes. Además, una decena de lectores se han suscripto para recibir las notas del blog por correo electrónico, mientras varios las leen por RSS reader.

Aparte de todo lo anterior, el blog ha tenido al menos una consecuencia inesperada: descubrir un número de personas interesantes con las que siento considerable afinidad. No he llegado a encontrarme “en la vida real” con ninguna de ellas y no estoy seguro de que alguna vez semejante cosa ocurra. Pero igual, es bueno conocer, aunque sea a la distancia, gente valiosa con la que sentís que tenés algunas cosas en común.

Entonces, yo por qué blogueo? Por un conjunto de motivaciones diversas, que incluyen todas las que enumeré en esta tipología aunque no todas incidan en el mismo grado. Porque
, en conjunto y hasta ahora, bloguear ha sido una experiencia positiva, satisfactoria. Y lo sigue siendo incluso ahora que en mi trabajo las cosas se han calmado, la organización parece estar recuperando su rumbo y yo tengo un nuevo contrato bajo el brazo.

En síntesis, bloguear es algo que le recomendaría a cualquiera. Muchas gracias.


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La caricatura de Shakespeare blogueando viene de acá.

7 Comentarios

  1. Luciano says:
    lunes, mayo 28, 2007

    A mi me gusta la fluidez de tu escritura, se puede seguir muy facilmente y rellena huecos inesperados.
    Aplausos... para mi! ;)
    No, en serio, he comprendido que lo importante no es la cantidad.. Lo que importa es el vinculo con otras personas.

  2. Laura Berra says:
    martes, mayo 29, 2007

    Y la felicitación mía no cuenta? jaja, me gustó mucho la saga pues es más personalizada. Saludos desde Argentina con un frío terrible.

  3. Silvina says:
    miércoles, mayo 30, 2007

    Holasss!!! 100% de acuerdo con vos, con todo, bue... yo no me he profesionalizado tanto (no te agrandes pero estás hecho un profesional, jeje), además te olvidaste de comentar que siempre hay que estar atento a los links, que colegas tuyos como yo, podemos hacer un poco de lío.jejeje.
    En lo que hace a los destinatarios del blog a mí me ha pasado que luego mis parientes o amigos que no tienen blog les da pereza y además dicen que escribo para el público en general, entonces reclaman los dichosos correos personales,jejeje, en fín son anécdotas de otra hincha del blog.
    Personalmente lo que mas me gusta es el poder de intercambiar experiencias con gente que sufre o disfruta de similares experiencias que yo.
    Un abrazo.

  4. SpinDoctor says:
    jueves, mayo 31, 2007

    LUCIANO, no se por que me dio la impresion de que estabas comparando mi escritura con el PoxiMix, pero no, no? :-)

    LAURA, perdon!!! Me olvide... es que como dejaste tu comentario en otro post, se me paso. Ya corregi la nota: con el tuyo, los comments fueron tres (3). Ja!

    SILVINA, a mi me pasa mas o menos lo mismo. Sobre todo a nivel amigos, el blog no funciona para nada. Es mas bien al reves, tipo efecto "Quien se cree que es este, que para saber como anda tengo que leer su blog?" Tal vez tengan razon...

  5. Luciano says:
    jueves, mayo 31, 2007

    Es cierto, mis amigos me dicen que lo del blog les parece al cuete.

  6. Adrian Kosmaczewski says:
    miércoles, junio 06, 2007

    grande spindoctor! a mi me encanta leer los articulos de tu blog, me hace acordar a las cartas que mandaba a mis amigos a principios de los 90 (siiii!!! no habia mail!!!) contandoles como era suiza! ademas que sos el "bloguero misterioso de la ciudad de al lado" y todo eso. jeje adelante! yo estoy blogueando desde hace 2 años y medio y es toda una terapia. aguante el blog! un abrazo, adri

  7. SpinDoctor says:
    lunes, junio 11, 2007

    LUCIANO, tus amigos no saben lo que dicen (sin ofender, eh?).

    ADRIAN, me encanto lo del "bloguero misterioso"... :-) El tema del blog como terapia da para desarrollarlo mas. Un abrazo