La vuelta al mundo en 50 recetas

24 octubre 2007 | Publicado en | 4 comentarios


Abro la puerta del departamento al regresar de la oficina y me envuelven aromas de comidas exóticas. Me pregunto si no me habré equivocado de edificio. No parece ser mi casa sino un restaurante de “comidas del mundo”. Pero mi familia está, la perra también y no hay clientes ni mozos. Sin embargo, algo raro está pasando.


La primera noche, en una sola cena, degusté una sopa de Bosnia, unas legumbres a la manera etíope, un arroz que en Bangladesh es el favorito para los días de lluvia, y legumbres con camarones al estilo de Mozambique. Después, en días sucesivos, he disfrutado desde arroz con leche nepalés (lleva pistachios), hasta una especie de tortas fritas (Mandazi) ugandesas, pasando por varios otros platos de los cuales ya olvidé los detalles y hasta perdí la cuenta. Y todo esto en una sola semana. Es que mi mujer se volvió loca?

No, para nada. Es que consiguió un conchabo temporal testeando recetas de un libro de “cocina del mundo” que está por publicar una ONG. La editora es una ex colega y amiga, que conoce la mano de Gabriela para la cocina. Y así fue como mi esposa se embarcó en una aventura que no se “limita” a cocinar, sino que incluye investigar si y dónde se consiguen los ingredientes, explorar posibles reemplazos cuando no se los encuentra, así como verificar las cantidades y los pasos de preparación detallados en cada receta (algunas de ellas bastante confusas, ya que no fueron puestas por escrito por profesionales de la cocina sino por partners de la ONG en cuestión).

Una de las cosas interesantes del trabajo es que le permite a Gabriela descubrir un mundo que de otra manera suele pasar desapercibido al no iniciado: los comercios especializados en alimentos “regionales”. Y así ha empezado a trazar un “perfil” —que como toda generalización admite excepciones—: los asiáticos, que tienen de todo pero son ariscos y poco comunicativos, y parecen estar a disgusto si se les pregunta mucho; los africanos, simpáticos y deseosos de dar una mano, pero cuyos comercios tiene menos surtido y no disponen de medios para importar productos especiales; y los latinos, que se horrorizan ante la pregunta de cómo determinado ingrediente puede ser reemplazado... “Cómo? El olluco no se reemplaza!”

Hasta ahora y en términos generales, todo muy rico. A veces bastante “distinto”, pero igual interesante, cosa de abrir un poco el paladar. Hubo, sí, uno o dos platos que no prosperaron más allá de la mera degustación de una porción mínima. Por lo demás, el impacto medioambiental se está haciendo sentir en mi cintura, pero esto era de alguna manera previsible, y con suerte será revertido cuando el trabajo termine, en unas tres o cuatro semanas.

Sin embargo, sabemos que al menos una receta nos va a plantear problemas, seguramente insolubles. Se trata del conejillo de indias, un plato muy popular en el Perú. “No, eso acá está prohibido”, le dijo a Gabriela el vendedor de una tienda de alimentos peruanos cuando le preguntó dónde conseguir el animalito que figura en la receta como ingrediente principal.

Y claro, cómo te vas a comer la mascota de los nenes...



4 Comentarios

  1. Faby says:
    viernes, octubre 26, 2007

    q riiico!!! yo no soy mucho de la cocina pero realmente ADMIRO a quien se dedica a ella y lo hace de corazon, se ve q tu esposa es de esas personas... felicitaciones!
    me mató la ternura de la mascotita en la foto :D
    OBVIO q no podes pensar en cométela! jajaj
    besos

  2. Luciano says:
    viernes, octubre 26, 2007

    Muy buena la dieta.Ahora sos un hombre viajado gastronomicamente.

    Estos incas, comen cualquier cosa.
    No se si me animaria.

  3. SpinDoctor says:
    sábado, noviembre 17, 2007

    Y tan viajado, que decidi cambiarle el titulo al post; además, al final no aumente de peso. Eso si, mataria por una milanesa con papas fritas...

  4. IMAGINA says:
    martes, noviembre 20, 2007

    Jajajajaja.
    La mascota de los niños no me la comería.