Otra vez África

16 noviembre 2007 | Publicado en | 3 comentarios

Por segunda vez este año, mi trabajo me llevó a Nairobi. La organización para la que trabajo auspició una importante conferencia en las afueras de la capital de Kenia. Y me mandó a hacer lo mío, junto a un pequeño grupo de colegas. Hizo más frío que el que esperaba encontrar en África. Esta vez no me robaron nada. El acceso a internet fue el peor que haya experimentado en mucho tiempo. Y, cuando todo había terminado, hasta tuve tiempo de visitar la ciudad de Nairobi un sábado a la mañana, y hacer unas cuantas fotos. En fin, nada extraordinario. Lo único que tengo para contar son un par de anécdotas de los vuelos.

En el vuelo de Amsterdam a Nairobi, la que parecía la jefa del personal de cabina viene y me dice:
—Señor, es usted Spin Doctor?
—Sí... —contesto entre preocupado y sorprendido; nunca me pasó que me busquen por mi nombre en un vuelo: habrán encontrado algo sospechoso en mi valija?
—Quisiera saber qué prefiere para almorzar, tenemos una opción de pasta, pescado o carne.
—Mmmm, pescado —respondo, intrigado por el trato especial; porque, me digo, no levantarán los pedidos de almuerzo pasajero por pasajero.
—Muy bien, señor.
—Eh, no, espere. Cuál es el plato más condimentado?
—La verdad... no tengo la menor idea —me dice, sin perder el aplomo profesional.
—Bueno, tal vez cambie de idea y prefiera la carne.
—De acuerdo, señor. Bienvenido a bordo.

A los pocos minutos, un azafato me trae una bandeja con la comida. Otros dos pasajeros, con los que la jefa habló después de hacerlo conmigo, reciben también sus respectivas bandejas. Los demás, nada. El carrito con la comida empieza a hacer su recorrido cuando yo ya estoy casi terminando la mía. Y mientras los demás comen y yo me limpio los dientes con el escarbadientes que vino en la bandeja pienso a qué puede haberse debido el tratamiento especial. Y se me ocurren sólo dos hipótesis:

[1] Los de la compañía aérea saben que trabajo para una organización que está a punto de cambiar el mundo para bien y, como se lo ven venir, quieren congraciarse con nosotros. Qué cómo saben para quién trabajo? No lo sé exactamente, pero no me asombraría que sus bases de datos les canten cuando alguien como yo, que contribuye a mejorar este planeta, sube a bordo de uno de sus aviones. Acaso la policía municipal ginebrina no me telefonea a casa a las 07:40 de la mañana para avisarme que mi auto va a estar en infracción dentro de 20 minutos?

[2] Es una táctica para prevenir un ataque terrorista de última generación, que consiste en envenenar a todo el pasaje de un vuelo internacional y hacerlo aterrizar por piloto automático. Por eso, se eligen al azar tantos pasajeros como opciones hay en el menú, y se les sirve la comida primero a ellos. Si sobreviven, se atiende al resto del pasaje de la manera habitual.

En el vuelo de regreso, cuando el avión estaba ubicado en la cabecera de la pista y a punto de empezar a carretear, el capitán informó que había una emergencia a bordo y pidió un médico. Salimos de la pista, volvimos al punto de partida, y no despegamos hasta alrededor de una hora y media después. Aparentemente, la persona falleció a bordo. Hasta donde yo sé, se trató de un incidente no relacionado con el del viaje de ida.

De Nairobi... no sé. Mi guía, Lincoln M., el chico que atendía el “business center” del centro de conferencias donde tuvo lugar nuestro evento, me decía que el desempleo es del 40%. Él acababa de graduarse en administración de empresas y está buscando trabajo. En el centro de conferencias le pagan 200 “shillings” (la moneda de Kenia; unos cuatro francos suizos) por día trabajado, y lo llaman sólo cuando lo necesitan. En el trabajo al que se postuló espera cobrar 25 mil shillings mensuales (unos 200 francos suizos).

Lincoln es de la tribu Kamba, y su novia es Kikuyu. Hay unas 52 tribus en Kenia. A veces se llevan bien, otras veces no tanto. Entre los Kamba y los Kikuyu no hay problemas, me explica Lincoln, porque ambas tribus pertenecen a la familia Bantú.

Del centro de conferencias a Nairobi fuimos en matatu. Cuesta 50 shillings el pasaje y todos los pasajeros van sentados; un poco apretados, pero sentados. Los matatu son unas combi chiquitas, que llevan un conductor y un cobrador y, por el estilo de conducción, recuerdan a las famosas “combis asesinas” de Lima.

En Nairobi nos topamos con una manifestación pro reelección del presidente Kibaki. Enganchamos al ministro de deporte bailando entre un grupo de simpatizantes. Y poco más. Fuimos también al mercado Masai. Artesanías, etcétera. Como musungu (blanco) me asediaron en toda regla. Es realmente pesado, pero ellos tienen que vivir.

Cerca del centro de conferencias, en un local que anunciaba en grandes letras “STRESS REMOVER”, un cartel filosofaba: “La supervivencia humana es una
continua lucha.”

Hay algunas fotos acá. Son las mismas que, si funciona, se pueden ver en el slide-show acá abajo. Cambio y fuera.




3 Comentarios

  1. Luciano says:
    domingo, noviembre 18, 2007

    Qué viajecito!
    Lo de la comida seguramente se haya debido a que cuandos e hace la reserva o el check-in en línea te pidan si tenés alguna preferencia sobre la comida. Porque hay gente que como kosher, halal, vegetariana, etc. Una vez me paso, lo había completado on-line y después me olvidé. Cuando me pregntaron pensé que se habían dado cuenta de que soy un príncipe en el exilio.

    Chau Musungu, me pongo a ver las fotos.

  2. SpinDoctor says:
    domingo, noviembre 18, 2007

    No, para nada. No indique ninguna preferencia alimentaria a nadie en ningun momento (aunque podria haberlo hecho: donde esta el casillero de "comida sin sal" que lo quiero tildar?). Ademas, si hubiera hecholo (indicar preferencia alimentaria, como por ejemplo: "ravioles pero como los hacia mi mama"), que sentido tenia ofrecerme los tres mismos platos ofrecidos a todo el mundo mas tarde? No, no, no. Aca pasa algo MUCHO mas raro, no hay duda.

    Hasta la vista, Su Alteza.

  3. Omar Magrini says:
    domingo, noviembre 25, 2007

    Muy bueno el blog, es entretenido de leerlo y divertido.
    Es bueno saber que no soy el unico argentino dando vueltas por el mundo.
    Acabo de llegar de Zurich y me encantó.
    Saludos desde Madrid.