Educación religiosa

17 diciembre 2007 | Publicado en | 3 comentarios

En la iglesia este domingo los niños tenían que decorar un arbolito de navidad con dibujos representando a los antepasados de Jesús. La idea era mostrar que Jesús —a diferencia de, digamos, Súperman— no era un súper héroe que cayó a la Tierra de algún planeta o cielo lejano, sino que en su humanidad, estaba bien enraizado en una familia, un pueblo, una historia. A Amparo le tocó ilustrar a cuatro de los antepasados de Jesús: Abraham, Noé, Rut y David. Para que hiciera los dibujos, repasamos las historias de esos personajes. Te digo una cosa? No todo lo que está en la Biblia es apto para niños.

Con David, dentro de todo no hubo problemas. Le conté a Amparo su lucha con el gigante Goliat, y no le causó demasiado impacto. El bueno que vence al malo, etcétera, es una historia que ve todos los días en Cartoon Network, y las Chicas Súperpoderosas tienen armas más letales que una honda. Pero se nos había sugerido que el símbolo representando a David fuera un arpa; así que le conté que David tocaba muy bien ese instrumento y que su música era lo único que calmaba al rey Samuel. No hubo necesidad de contarle que, una vez rey él mismo, para quedarse con la mujer que lo calentaba, David hizo matar (indirectamente) a uno de sus generales.

Con Rut, las cosas marcharon razonablemente bien también. Ella y su suegra, dos viudas solas en el mundo, se las arreglaban como podían —por ejemplo, en la época de la cosecha, recogiendo espigas sobrantes en el campo de un rico. El ricachón gustó de Rut y se casó con ella. Típico final feliz con perdices. No hubo necesidad de contarle que la suegra la mandó a Rut a pasar la noche en la tienda del ricachón, ni de que éste sólo pudo casarse con ella cuando el pariente varón que tenía derecho a hacerlo —es decir, a quien Rut “pertenecía”— se negó a apropiársela.

Con Noé, las cosas se complican un poco más. La humanidad se porta mal, muy mal, y Dios decide exterminarla con un diluvio. Excepto, claro, a Noé —que se portaba bien—, a su familia y a una pareja de cada especie animal. Por alguna razón —y por suerte— la ira destructiva del Creador no pareció entrar en el campo de atención de Amparo. Tal vez el poder de la imagen —y dado que, en general, no se representa la historia con imágenes de cómo se ahogan niños, mujeres, hombres, ancianos— contribuye lo suyo para que el foco de atención sea lo pintoresco: el arca, los animalitos, el arcoiris. De todas maneras, y por las dudas, yo hice énfasis en que el arcoiris le recordaba a Dios su promesa de jamás volver a llevar a cabo una carnicería planetaria —lo cual sin duda es un indicio de que se arrepintió de lo que hizo con el diluvio.

Y finalmente, terminamos con la historia de Abraham. Y aquí no había escapatoria: la sugerencia era ilustrar la historia con el corderito y la leña... Yo le conté la historia desde el comienzo, cuando Dios le ordena en sueños a Abraham dejar la tierra de sus padres y partir hacia una tierra que Él le indicará. Me salteé la parte donde Abraham, instigado por su esposa Sara, desesperada por su aparente infertilidad, tiene un hijo con una esclava. Y también me salteé la parte donde Sara, que finalmente concibe a su propio hijo, hace echar a la esclava y a su hijo pequeño al desierto, donde el bueno de Abraham los deja a ambos con un poco de agua y si te he visto no me acuerdo.

Pero para dibujar el corderito, hay que pasar por el relato del sacrificio de Isaac, ordenado por Dios a Abraham en —otra vez— un sueño. Y de cómo Abraham estaba dispuesto a sacrificar a su hijo a la voluntad incomprensible de un Dios caprichoso. Y de cómo ese mismo Dios lo impide a último momento. Amparo seguía la historia con atención, grandes los ojos, pero de alguna manera como si a la vez el cuento le pasara un poco por el costado. Mostró alivio cuando el corderito enredado en el arbusto entró en escena, salvándole el pescuezo a Isaac. Y manifestó su desaprobación cuando le pregunté qué le parecía lo que había hecho Abraham.

Así que, sobre la base de esa desaprobación, fue fácil explicarle que —a mi modo de ver— Abraham no debería haber obedecido a Dios; que le debería haber dicho: “No, mirá, hasta acá todo bien, hice todo lo que me pediste sin quejarme, y estoy agradecido por todo lo que me diste, pero a mi hijo no lo sacrifico. Ninguna voluntad, por más divina que sea, merece ser obedecida cuando pide sacrificios humanos.”

Sí, ya sé, se dice fácil, sentado a la mesa de la cocina cubierta con hojas y marcadores para dibujar; muy distinto sería plantarse frente al Todopoderoso, uno que es un miserable e insignificante corpúsculo animado, y mirándolo a su Cara en medio del desierto frío y helado de un universo y una eternidad inconmensurables, decirle: “No”. Semejante escena, en realidad, podría ser tan atemorizante para una criatura como la otra, la escena que trataba de contrarrestar, la de un padre dispuesto a sacrificar a su hijo a lo que él cree es la voluntad divina —y no, por ejemplo, un mal sueño fruto de una cena indigesta.

Pero Gabriela, con sensibilidad e imaginación de mujer, vino en mi rescate. Dijo: “En realidad, si Abraham hubiera hecho eso, si se hubiera negado a sacrificar a Isaac, sabés qué? Dios lo hubiera felicitado igual. Porque Abraham habría demostrado que sabía qué era lo más importante: la vida de su hijo. Y Dios le habría dicho: Muy bien, pasaste la prueba.”


as imágenes, redondas, de unos 22 centímetros de diámetro, fueron realizadas al mejor estilo de los talleres renacentistas: la artista dibujaba y elegía la paleta de colores, y un aprendiz —adivinen quién— pintaba las grandes superficies, para liberar a la artista de la rutina y el esfuerzo inútiles.]

3 Comentarios

  1. Adrian Kosmaczewski says:
    lunes, diciembre 17, 2007

    Me encanto! Leete esto (pero no se lo muestres a tu hija :) http://kosmaczewski.net/2007/03/08/herejia/

  2. Marce says:
    lunes, diciembre 17, 2007

    ESta buenisimo. Siempre supe que la biblia no es mas que un libro inventado por sus autores.

  3. SpinDoctor says:
    jueves, diciembre 20, 2007

    MARCELA, tenes razon, todos los libros sagrados de todas las religiones, incluida la biblia, no son otra cosa que invenciones de sus autores; que otra cosa podrian ser? Es solo cuando un grupo religioso define cierto libro como fundamental para su comprension de la divinidad, el mundo, etc, que este deviene *sagrado* en el contexto de ese grupo religioso en particular. Pero este no es un proceso lineal, ni prolijo, ni apacible. Ya la definicion de que entra y que queda afuera de las *escrituras sagradas* es un proceso conflictivo, pero incluso lo que queda adentro no es completamente homogeneo: hay distintas lineas, tendencias, ideas sobre dios, el mundo, la vida, que coexisten, no siempre pacificamente, dentro de las *sagradas escrituras*. Y, ademas, esos materiales conflictivos son objeto de interpretaciones divergentes, ya desde el momento de su ensamblaje y de ahi en adelante.

    Un caso de interpretaciones conflictivas es la lectura que ADRIAN hace del padrenuestro en su blog (ver el link que Adrian da en su comentario). A Adrian el padrenuestro no le cae bien, y lo pulveriza frase por frase. Es obvio, que las mismas frases han sido y seguiran siendo interpretadas de otras muchas maneras distintas a la que el propone.

    La peculiar lectura de la historia de Abraham que tratamos de hacer con Amparo apunta a mostrarle de una manera adecuada a su edad esta problematica; se trata de que desde el vamos entienda que es *ella* quien tiene que leer esos textos de una manera critica, en funcion de ciertos valores. El caso del sacrificio de Isaac es muy relevante hoy en dia —siempre lo fue, por otra parte— cuando tanto loco suelto esta dispuesto a matar y a matarse en nombre de algun pretendido dios. El mensaje que tratamos de que nuestra pequeña asimile es: ningun dios que merezca ese nombre quiere la muerte de nadie, y apenas un dios pida sacrificios humanos hay que mandarlo a tomar aire; y en cuanto a los profetas de esos dioses sanguinarios, con esos hay que mantener la mayor distancia posible.

    Pero incluso la historia de Abraham puede ser interpretada de otra manera: en un contexto donde todos los dioses del vecindario pedian regularmente sacrificios humanos, esta historia parece sugerir que el dios de Abraham quiere desmarcarse del peloton sediento de sangre, y de una manera algo teatral: *aparentemente* pide —el tambien— el sacrificio del primogenito, para despues, dramaticamente, en el ultimo minuto, mostrar que no, que el no lo necesita.

    Uffff, disculpen, me salio otro post... :o)