Se agrandó la familia

03 enero 2008 | Publicado en | 4 comentarios

Nuestra hija cumplió hoy siete años y, a su pedido, recibió como regalo de cumpleaños un... hámster. Sí, yasé-yasé-yasé. No te rías, no es tan malo como parece. Al menos si se lo compara con lo que ella realmente quería: una rata. O un ratón, no sé. Es todo culpa de Ratatouille, por supuesto; desde que vio esa peli que quiere un ratoncito. Por suerte, los consejos de Emilia, la esposa de mi amigo Max, que es veterinaria, ayudaron a convencerla de que un hámster iba a ser igual, o aún mejor.

Fuimos al pet-shop con dos amiguitas de la pequeña que habían venido a celebrarle el cumple. Ninguna de las dos tiene mascota y no se querían perder el momento de la adquisición. Sospecho que sus respectivos papás y mamás no nos lo van a agradecer de aquí a poco. En el negocio había hamsters enanos y dorados. Los dorados tienen fama de ser más sociables, así que la elección recayó sobre el último que quedaba de ellos. Que por supuesto no era dorado, sino blanco y negro. “Como un dálmata”, dijo la pequeña, que ama todo lo dálmata en el universo.

Cuando pasamos por la caja comprobamos que el modelo de negocio del hámster es similar al de las impresoras de chorro de tinta. La máquina te la venden muy barata —casi regalada, si descontás el costo de los cartuchos de tinta que vienen incluidos— porque el verdadero negocio está en venderte los insumos. Con el hámster me parece que es lo mismo. Que la jaula —resultó que la que ya teníamos era muy chica para esa especie—, que la casita para dormir, que el bebedero, que el aserrín para cubrir el piso de la jaula, que el heno para... no sé muy bien para qué, que el alimento balanceado —de dos tipos diferentes—, que las vitaminas —porque en invierno comen poco—, que las croquetas para que ejercite los dientes, que la bola de plástico transparente para que haga gimnasia —se supone que lo metés adentro y mientras el bicho hace footing la bola rueda por tu casa. Había algo más pero ya no me acuerdo. Plin, caja!

Y así fue como, para felicidad de nuestra hija, el animalito ingresó a la familia. “Ahora somos cinco”, dijo cuando volvíamos en el auto la pequeña, quien naturalmente cuenta a Bacana, nuestra perra. “Bacana se va a poner celosa”, agregó. Y ahí nomás, como quien ya lo tiene todo bien pensado, bautizó al recién llegado: Remy, obvio.

Nuestra hija duerme y Remy, que comparte la habitación, mordisquea los barrotes de su jaula. Es simpático, el bichito.

[No hay foto porque no quiero estresarlo...]

4 Comentarios

  1. Luciano says:
    viernes, enero 04, 2008

    Siempre quise un hamster, siempre, como un enajenado sin control me la pasaba mirando hamsters y nunca me dejaron, ni piojos me dejaban tener. Me alegro por vosotros.
    Es cierto lo de la comparación con las impresoras, el negocio está en los accesorios. Pensar que en la naturaleza no necesitan nada de eso, como los cristianos.

  2. Monica
    martes, enero 08, 2008

    Spin, me encanta saber que se agrando la familia! Espero que el nuevo integrante les de menos trabajo que nuestro adorado Tango. Un beso desde Pacheco, Monica

  3. mardevientos says:
    miércoles, enero 16, 2008

    Un hamster que parece un dalmata!!.. Y no importa cuanto cuesten los insumos, no creo que nunca alcance la dedicacion y la energia que de verdad requiere el dalmata!

    Como veo Amparo sigue las lineas de las peliculas, Por suerte la convencieron bien de poder reemplazarlo por un hamster... Porque tener un raton en casa nooo JEJEJEJ!

    Ahora contemos los dias que tarda Amparo en decir que no quiere mas a Remy en su habitación!

  4. mardevientos says:
    miércoles, enero 30, 2008

    desde que lei este post me dije: Tengo si o si que ver Ratatouille.. Asi que, plancha y vestiditos de nenonato adelante, empezé mi ultimo domingo asi... Y mientras la mirraba entendi porqué tu Amparo queria una rata como mascota en casa.. Lindisima!!