Piedras, polvo y gente que se va

01 febrero 2008 | Publicado en | 3 comentarios

Como siempre me pasa cuando viajo, apenas aterrizo en el lugar de destino, mis intenciones de bloguear se las lleva el viento huracanado del trabajo...

OK, el párrafo anterior fue por si alguien de mi trabajo está leyendo esto. No, en serio, normalmente no logro reunir el tiempo ni la energía necesarios, después de largas y más bien agotadoras jornadas, para escribir algo coherente. En realidad, debería dejar acá e irme a dormir ya.


Son las 22.15 y a las 06.00 tengo que levantarme —y la noche pasada dormí cinco horas. A las 07.00 salgo para visitar dos lugares donde acampan personas que han debido escapar de sus hogares a causa de la violencia inter-tribal que estalló después de las elecciones presidenciales del 27 de diciembre pasado.

Estoy en una casa de huéspedes en Nakuru, la cuarta ciudad de Kenia por cantidad de habitantes: son alrededor de un millón, predominantemente Kikuyus, aunque la ciudad está situada en territorio Kalenji. Aquí, el domingo pasado murieron varias decenas de personas de la tribu Kikuyu a manos de los Kalenji.

Ahora está todo tranquilo, y un desprevenido podría no darse cuenta de nada, a no ser por el toque de queda que impuso el gobierno. Va de 19.00 a 07.00. Hace un rato pasó por la calle un vehículo con altavoz pregonando algo en —supongo— swahili. Por la hora que es, imagino que debe de ser algo relacionado con el toque de queda. Yo igual no pensaba salir.

En el camino a Nakuru se pasa junto a Naivasha, una ciudad donde también hubo serios incidentes de violencia. Hoy estaba todo tranquilo, y sólo unas piedras al lado de la ruta indicaban los lugares donde ésta había estado bloqueada.

Como hay largos tramos de esa ruta cerrados por trabajos, buena parte del recorrido fue por camino de tierra. Yo tenía que escribir algo para el trabajo, así que lo hice sujetando la Mac entre las rodillas en medio de los barquinazos de la minivan. Ambos —la Mac y yo— tragamos una considerable cantidad de polvo. Pero eso es algo que los dos nos bancamos perfectamente.

Aparte del polvo y los barquinazos, el viaje transcurrió sin incidentes. Es decir, si no contamos la rueda pinchada y la parada en una estación de servicio a la entrada de Nakuru para arreglar no sé que falla mecánica en la minivan, cuya manifestación más obvia era una pérdida de gasoil que chorreaba al piso —esto sólo lo vi una vez que paramos. Es decir, para el estandard local, nada grave.

Al llegar a Nakuru, lo primero que llama la atención es el número de camiones que pasan por la ruta cargados con muebles, enseres domésticos de todo tipo y hasta ovejas y vacas. Aparte, claro, en los camiones viajan los propietarios de esos bienes. La gente se sigue yendo. De acuerdo al gobierno, hay más de 250 mil “desplazados forzosos” —para usar la jerga de la ayuda humanitaria—, aunque otras fuentes llevan esa cifra a más de medio millón. Nakuru está ubicada a la entrada del “Rift Valley”, que es donde ha habido más violencia, lo que explica el continuo pasar de camiones con gente yéndose.

Hablé un poco con la familia de la foto. Son Kikuyus. Me dijeron que allí de dónde ellos venían —no logré entender el nombre del lugar— las casas habían sido quemadas. Estaban parados al lado de la ruta, sus pertenencias junto a ellos, esperando transporte. La nena tiene cuatro años y su nombre suena parecido a Nancy, pero se debe de escribir de otro modo. Me dieron permiso para tomarles fotos. Les deseé suerte.

Cuando haya terminado de escribir esto me voy a lavar los dientes y me acostaré a dormir bajo un enorme mosquitero blanco. No tengo idea dónde pasará la noche esa gente.

3 Comentarios

  1. Néstor F.
    sábado, febrero 02, 2008

    Realmente patético. Hay que tener mucha fuerza y vocación para esta emprendida. Realmente hay gente que la pasa verdaderamente mal.
    Estimado le deseo suerte y vuelva pronto
    Un abrazo
    Néstor F.

  2. Sylfax says:
    lunes, febrero 04, 2008

    Debo confesar mi ignorancia sobre las causas de la violencia desatada en esa región, pero siempre me queda la extraña sensación de que los occidentales algo tenemos que ver. Esa maldita costumbre de querer imponerle al otro un sistema de vida que no es el del otro y que lo único que traerá será consecuencias negativas. No entiendo. O sí entiendo, pero no comparto. Y me da mucha bronca. Porque en general lo que se suele pensar es "que gente ignorante y bruta", como si eso hubiera sido producto de una libre elección. Pero libre, libre.
    Saludos.

  3. Luciano says:
    sábado, febrero 09, 2008

    Juraría recordar haber dejado un comentario por acá.
    Espero que estés bien y que tu trabajo ayude.
    Un saludo.