Una escuela

10 febrero 2008 | Publicado en | 3 comentarios

La minivan recorría el camino polvoriento a los saltos bajo un sol que, a esa hora temprana de la mañana, todavía era soportable. Era una zona rural, no demasiado lejos de la ciudad de Nakuru, que es la cuarta de Kenia por número de habitantes y queda a unos 160 kilómetros de Nairobi, la capital. A los lados del camino había casas abandonadas, muchas quemadas o saqueadas, en su mayoría de adobe. De pronto el conductor de la minivan y su acompañante lanzaron una carcajada. El motivo: un cartel anunciando “Lotes en venta”.

Poco más adelante, en un paraje llamado Lusiru, estaba —está— el edificio de la escuela “High Life E.C.D. Academy & Kidergarten”. “E.C.D.” es la sigla de “early chilhood development”. Convengamos que quienquiera que haya abierto en este paraje la “Academia de Desarrollo Infantil Temprano y Jardín de Infantes Vida Superior” tenía, sin duda, una visión.

La escuela había funcionado en un pequeño rancho de adobe con sólo dos habitaciones. La mitad del techo había desaparecido. Dentro quedaba poco: se habían llevado todo el mobiliario, cualquiera que fuese, con la sola excepción de un pequeño pizarrón negro. En las paredes y en el piso, algunos materiales didácticos atestiguaban que ésas habían sido aulas.

En el piso, entre papeles y neumáticos —cómo habrán llegado ahí?— estaba el libro diario de la escuela, que era un simple cuaderno escrito a mano. Según la primera anotación, la escuela había abierto el lunes 3 de septiembre de 2007, con cuatro niños que “tomaron una buena merienda y se fueron a casa bien”. El segundo día hubo dos niños más, y el tercer día ya eran nueve. Los primeros tres días de la escuela “todo anduvo bien”.

Más adelante, una anotación recoge los nombres de los alumnos “de pago”: Dominick, Leah, Silvestor, Eunice, Daniel, Fracia, Godfry.

El 13 de septiembre la escuela recibe su primera inspección. El inspector llega cuando “dos maestras están alimentando a los 12 alumnos” y consigna estar muy bien impresionado por la escuela en general. Cada niño “tiene una silla confortable y una mesa”, lo que es “alentador”. Hay una sola letrina, y la recomendación es proveer otra para que niños y niñas dispongan de letrinas separadas.

El 13 de noviembre el inspector vuelve a visitar la escuela. Encuentra todo en orden: “Hay una gran mejora en la atmósfera de aprendizaje, lo que es beneficioso”. Recomienda que “más ayuda didáctica sea exhibida en las paredes” así como alentar a los padres a comprar uniformes a los niños, “para una adecuada identificación”. “En conjunto quedé impresionado por el trabajo en marcha”, finaliza el informe.

Ésa es la última anotación en el cuaderno. No sé qué pasó después. Tal vez entraron en receso de verano. Las elecciones fueron el 27 de diciembre pocos días después
estalló la violencia, que le costó la vida a más de mil personas y obligó a huir de sus hogares a más de 300 mil — entre ellas, tal vez, las maestras y alumnos de la escuela Vida Superior de Lusiru.





3 Comentarios

  1. Luciano says:
    domingo, febrero 10, 2008

    No es un diario de viaje de vacaciones. Es algo más.

  2. Nestor F.
    domingo, febrero 10, 2008

    Evidentemente todo no pasa por un buen piso en la Avda. Foch de Paris o en la Alvear de Bs.As.
    La humanidad está llena de distintos condimentos. Acá tenemos una prueba. Muy bueno lo suyo SpinDr. Debo confesarle que su ausencia de noticias me preocupaba.
    Hasta pronto y gracias por instruirnos e informarnos de todas estas cuestiones.
    Nestor F.

  3. Luciano says:
    lunes, febrero 11, 2008

    Hay algo en los edificios de las escuelas (y en los templos) no importa la condición o el estado, que hace preguntase por los que estuvieron ahí. Inspiran respeto.