Tauromaquia

06 julio 2008 | Publicado en | 5 comentarios

Haber obtenido la nacionalidad española tiene sus ventajas. Una de ellas es que puedo por fin, y legítimamente, dar a conocer una hasta hoy vergonzante y por tanto oculta pasión: mi peculiar disfrute del arte de la tauromaquia.

Sí, ya sé, es imperdonable. Es el colmo absoluto de la incorrección política. Cómo puede uno, desde una mentalidad humanista en general y más o menos izquierdosa en particular, disfrutar de ese espectáculo brutal y abusivo. Pero qué le voy a hacer, a pesar de que a mucha gente la horroriza esa cosa primitiva del enfrentamiento entre el héroe y la bestia, a mí hay un lugar en el que, cuando se da determinado desenlace... en cierto modo e incluso a pesar mío, me gusta.

No es que me pase desde que tengo nacionalidad española. Ya me pasaba antes. Cada vez que veía en televisión —porque jamás he ido ni iré a presenciar una corrida—, cada vez, decía, que veía en la tele lo que me permitiré llamar el “momento de la verdad”, me inundaba una oleada de satisfacción mezclada con vergüenza. Por suerte, dadas las circunstancias, el “momento de la verdad” sólo aparece en la tele de vez en cuando.

Con “momento de la verdad” me refiero, obviamente, al instante en que floripondeos y cachondeces dejan paso a la verdad esencial de la corrida, pura y desnuda; al momento en que el enfrentamiento entre la bestia y el héroe llegan a su punto culminante, fatídico y final.

Sí, adivinaste, se trata del momento en que el aguzado instrumento hábilmente manejado por el héroe se hunde inmisericorde en la carne de la bestia, cortando tendones, seccionando arterias, astillando huesos, cercenando de una vez por todas esa vida que el destino quiso poner ahí para eso, para terminar derramándose junto con su sangre bajo el sol y sobre la arena. El “momento de la verdad” es también trágico, claro, como trágico es todo desenlace fatal que bien podría haberse evitado pero que, dado que el mundo es como es y no como debiera ser, ocurre con la inapelable contundencia del destino.

Sí, ya sé, no me lo digas, es de pésimo gusto que lo reconozca así acá, públicamente. Pero cuando el héroe, a pesar de lo desparejo de la contienda, finalmente mata a la bestia gracias a una demostración de fuerza y habilidad superiores, me causa una satisfacción que no disminuye simplemente porque trate de negarla.

Porque, convengamos, es en realidad el “momento de la verdad” el que de alguna manera y en cierta medida justifica —si es que la brutalidad puede jamás justificarse— a la corrida de toros; la que, sin él, sería nada más que un espectáculo cruel, sádico e indigno.

Mi peculiar disfrute de la tauromaquia me avergüenza. Pero sospecho que no soy ni mucho menos el único que disfruta ese españolísimo arte del peculiar modo en que lo disfruto yo. Lo que pasa, creo, es que la mayoría de los que comparten mis sentimientos no se animan a reconocerlos en voz alta.

Porque requiere su dosis de módico coraje reconocer públicamente que uno siente la satisfacción que se deriva del presenciar un acto de justicia —incompleta, trágica y de algún modo impura, pero justicia al fin— cuando la pantalla de la tele muestra a la bestia yaciendo en la arena, teñido en su propia sangre el traje de luces, mientras el héroe se aleja vacilante sobre sus cuatro patas laceradas por la contienda.


[La primera imagen es un Picasso y lo tomé de
acá; la segunda es un Goya y viene de acá.]

5 Comentarios

  1. Luciano says:
    domingo, julio 06, 2008

    NO me gusta hacer sufrir a los animales, ni ver que los hagan sufrir. Creo que hay algo de maravilloso en el espectáculo este pero es muy sangriento. El héroe sería más heroe si no se torturara tanto al animal antes del momento de la verdad. Dejen al toro con su fuerza y al hombre con su argucia, pero puras, sin ventajas. Y listo.

  2. CB says:
    jueves, julio 10, 2008

    Nobody is perfect.

  3. Palbo says:
    lunes, julio 14, 2008

    ¿Por qué usás esa ropa?

    Porque la sociedad la usa.

    ¿Por qué la sociedad la usa?

    Porque mis padres la usaban, porque mis abuelos la usaban.

    ¿Por qué tus padres la usaban? ¿Por qué tus abuelos la usaban?

    Porque se empezó a usar hace mucho tiempo.

    ¿Por que se empezó a usar hace mucho tiempo?

    ¿Será que estamos todos metidos en un mismo paradigma?

    ¿Por qué estamos todos metidos en un mismo paradigma?

    ¿Será porque usamos la misma ropa?

  4. CB says:
    miércoles, agosto 13, 2008

    Piensa volver de vacacionar?

  5. Jane
    domingo, agosto 31, 2008

    plus d'excuses la vie le travail les etudes les vacances blah blah
    wo ist der blog?
    Tu nous manques
    Nous étions aujourd'hui à la fête du country and Western music à Bernexxx
    PAs tout à fait ce que l'on atend à Calvin City!
    bises
    J