No’ shupará l’ujero nero?

07 septiembre 2008 | Publicado en | 1 comentarios

Oíste hablar del CERN? Es la Organización Europea para la Investigación Nuclear y queda acá cerquita de Ginebra. Ahí han construido el acelerador de partículas más grande del mundo, una chiche de cerca de seis mil millones de euros. No es algo que puedas acomodar en el cuartito del fondo. El túnel que lo contiene —porque está a alrededor de 100 metros bajo tierra— tiene una circunferencia de 27 kilómetros. La maquinita se supone que permitirá reproducir las condiciones que —minuto más, minuto menos— existían en el universo a la hora del big-bang. Aparte, quizás produzca en un estado observable la “bosón de Higgs”, que, a pesar de su nombre, no es la panza de un bebedor de cerveza, sino la “partícula divina”, así llamada porque explicaría el secreto último de la constitución de la materia.

El tema es que el acelerador, conocido como Large Hadron Collider (gran colisionador de hadrones), aunque dicen que sus amigos lo llaman cariñosamente Largie, ha estado últimamente en el centro de ciertos debates. Se trataría de saber, básicamente, si puede o no destruir el planeta, tal vez la galaxia, y quién sabe el mismísimo universo.

Resulta que sus detractores dicen que Largie puede generar agujeros negros —aunque pequeños. Mis conocimientos sobre agujeros negros no son vastos, pero son precisos. Hace casi dos años, en Buenos Aires, Guido, el menor de los sobrinos de Gabriela, me explicó todo lo que hay que saber sobre ellos: “L’ujero nero... te shupa!”

Guido por entonces tenía tres años, y por la cara que ponía cuando explicaba la física fundamental de los agujeros negros, a mí me quedó re-claro que un ujero nero no es el tipo de cosa que te gustaría encontrarte en el living —ni siquiera uno chiquitito.

Al parecer, algunos de entre los detractores de Largie son científicos —envidiosos, seguramente. Y algunos de entre ellos han llevado el tema a los tribunales, tanto en Europa como en Estados Unidos, tratando de detener la puesta en marcha del aparatito. Esas movidas no han prosperado, que yo sepa. De manera que en unos pocos días, más exactamente el 10 de septiembre, Largie va a empezar a funcionar
a un tercio de su potencia. Las “grandes colisiones”, sin embargo, están agendadas recién para octubre.

Entre los defensores de Largie se encuentran la gran mayoría de los científicos involucrados en estos temas, claro. Estos dicen que no hay ningún peligro. Que está todo bajo control. Que hicieron las cuentas varias veces, y el juguete es más inofensivo que una bomba atómica.

Para el común de los mortales —nunca mejor empleada la expresión— los términos del debate entre los pro y los contra son inasibles. Quién tiene razón? No hay modo de saberlo.

Por su lado, los contras dicen que los pros no pueden demostrar que Largie sea realmente inofensivo. Los pros dicen lo mismo de los contras: no pueden demostrar que algo vaya a salir catastróficamente mal. La diferencia entre ambos bandos es que si los contras están equivocados, no pasa nada; pero si los pros están equivocados... kaput!

Vos, a quién le creerías? Los contras parecen no ser “serios”. Los pros, en cambio, son la crema y nata de la comunidad científica internacional.

La historia de la ciencia y la tecnología —diría un entusiasta
del progreso— demuestra que la luz de la razón humana triunfa siempre sobre el oscurantismo del dogma, el miedo y la irracionalidad, aunque éstos hayan logrado, a veces frenar su desarrollo.

La historia de la ciencia y la tecnología —diría
, en cambio, un escéptico — demuestra que los posibles riesgos de un desarrollo científico o tecnológico jamás han detenido a sus partidarios. Y mucho menos cuando sus sueldos y honores dependen de seguir adelante.

Nada más lejos de mi intención que crear pánico entre el distinguido público —ni siquiera pretendo meterte un poco de miedito. Pero últimamente vuelvo a pensar en el tema una y otra vez. Como ahora, que escribo estas líneas sentado a menos de diez kilómetros de Largie [acá hay un planito].

Yo no puedo evitar —y no sólo en relación con este tema, sino en general— no puedo evitar, decía, la sensación de que la humanidad se asemeja a un grupo de pasajeros involuntarios en una carrera de autos chocadores donde los conductores manejan por caminos de cornisa con los ojos vendados y una mano atada a la espalda.

El 10 de septiembre —vaticinan los agoreros— estaríamos entrando en una zona de curvas peligrosas.

[Acá podés ver fotos —aviso: muchas y pesadas— de las instalaciones de Largie. La imagen del ujero nero al comienzo viene de acá.]


1 Responses to “No’ shupará l’ujero nero?”

  1. Luciano says:
    miércoles, septiembre 17, 2008

    Confesá, tenés cuiqui?