Cabo de Buena Esperanza

22 octubre 2008 | Publicado en | 3 comentarios


UNO NO VIAJA SÓLO CON EL CUERPO, viaja también con la imaginación. Si el viaje realmente vale la pena —es decir: si es más que un simple desplazamiento físico entre dos puntos geográficos determinados— antes de que un tren, auto, barco o avión te traslade al lugar que sea, ya habrás estado ahí muchas veces... montado en una alfombra mágica tejida con palabras.

De hecho, hay lugares que por muy interesantes que puedan ser, si no se han ganado antes un espacio en tu geografía imaginaria, la perspectiva de visitarlos no te va a hacer mucha diferencia.

—Adónde vas la semana que viene?
—A Hamburgo.
—Ah, y algo interesante para contar no tenés?

Pero cuando se trata de uno de esos lugares donde una parte tuya ya ha habitado gracias a una red de palabras que —por la razón que fuera— logró envolverte con su magia, ahí la cosa es muy distinta. Entonces el viaje “te hace ilusión” —es decir: se abrocha con esa partecita de tu imaginación que, tal vez desde hace mucho, habita ya en ese lugar.

—Adónde vas la semana que viene?
—A Los Angeles.
—En serio! Qué fantástico, no sabés cómo me gustaría visitar Los Angeles. Dar una vuelta por las calles que caminó Philip Marlowe...
—Ése no era un personaje de ficción?
—Eh... sí. Uy, disculpá, te dejo, me acordé que tengo que practicar la tabla del nueve.

Al igual que en la real, en tu geografía imaginaria no todos los lugares tienen la misma importancia. Pero a diferencia de la primera, ninguno de los lugares que se han hecho un espacio en la segunda te son indiferentes —si no, no estarían ahí. Con lo cual queda claro que, si geografía real hay una sola, imaginarias hay tantas como personas en este planeta —bueno, OK, tal vez descontando a Sarah Palin.

Todo esto viene a cuento de que hace unas semanas me tocó —por un afortunado azar laboral— visitar uno de los lugares que forman parte de mi geografía imaginaria personal: el cabo de Buena Esperanza. Sí, esa puntita donde termina Africa y que infinidad de novelas marítimas y de aventuras han visitado una y otra vez, preferiblemente en medio de tremendas tormentas.

Al parecer la zona es, efectivamente, tormentosa. Cuestión de ciclones y anticiclones que se juntan y arman zafarranchos —hay algún meteorólogo en la sala? De hecho, Bartolomeu Dias, el marino portugués que en 1483 lo “descubrió” para Europa —no para los Hotentotes y otros autóctonos que vivían ahí desde hacía mucho— en su viaje de ida pasó al lado sin verlo, tan fiera era la tormenta (ver foto de la época acá) que durante tres días con sus noches envolvió a sus barquitos. Sólo lo vio en el viaje de regreso.

“Doblamos el cabo de Buena Esperanza.” Cuántas veces leíste esta frase y sentiste —al igual que los marinos de la historia que fuera— que una etapa importante del viaje se había cumplido?

Parte de la magia está, obviamente, en el nombre mismo: cabo de la Buena Esperanza. Acaso no rueda sobre la lengua como un buen vino? No anuncia ya al exhausto marinero el calorcito del hogar, el abrazo de la patrona, la algarabía de los niños?

Para un porteño, una pizca de magia adicional reside en el hecho de saber que uno está casi exactamente a la altura de Buenos Aires (
Baires: 34º 36’ de latitud sur; el cabo: 34º 22’). Bastaría nadar derechito, derechito hacia el oeste para aparecer en la costanera.

En realidad, el cabo en sí no es gran cosa: una pequeña lengua de tierra chata que zigzaguea internándose en el Atlántico. Junto a él, la pequeña playa donde según algunas fuentes Dias desembarcó un rato a estirar las piernas sigue invitando a plantar sombrilla y reposera y a tomarse unos buenos mates —porque con la temperatura del agua únicamente los pingüinos se animan a nadar en ella. (Ver foto acá.)

Mucho más espectacular, por más alta y por sus empinadas laderas, es la Punta del Cabo, que está al lado, y sobre la que se elevan dos faros, uno más antiguo construido en el punto más alto, otro más pequeño y más cercano al nivel del mar.
(En la foto que encabeza esta nota, tomada por mi jefe, se alcanza al ver el faro pequeño —ese chupetito blanco más o menos en el medio de la imagen.) Desde el camino que te lleva de uno a otro serpenteando al borde de la nada podés ver, allá abajo, ballenas que juguetean en un mar del color del acero.

Y para terminar, te dejo unos fragmentos copi-pasteados de un texto de Albert Camus, que vienen al caso —y si no, al menos son gratis.

Los pies desnudos de los marineros golpean suavemente sobre el puente. Partimos al romper el día. Desde que salimos del puerto un viento breve y espeso golpea vigorosamente el mar que se revuelve en olillas de espuma. [...]

Atravesamos las puertas de Hércules, la punta donde murió Anteo. Más allá el océano se extiende infinito; doblamos el cabo de Buena Esperanza, los meridianos se casan con las latitudes, el Indico bebe del Atlántico. [...]

La noche no cae sobre el mar, sino que desde el fondo de las aguas que un sol ya ahogado ennegrece poco a poco con sus cenizas espesas, sube la noche hacia el cielo aún pálido. [...]

Navegamos sobre espacios tan vastos que nos parece que nunca llegaremos a término. El sol y la luna suben y bajan alternativamente al mismo hilo de luz y de noche. [...]

Las jornadas sobre el mar son todas semejantes, como las de la felicidad.

(Albert Camus: Diario de a bordo, de El Verano, 1954)

3 Comentarios

  1. Luciano says:
    jueves, octubre 23, 2008

    Me pareció muy emotiva esta narración.
    Representa un lugar especial también en mi imaginación.
    Pero vos ya doblaste el Cabo de Buena Esperanza, me llevás ventaja con el viento.
    Saludos.

  2. Jane says:
    lunes, octubre 27, 2008

    Merci beaucoup pour ce poste qui est très beau. Nous oublions si souvent combien nous avons un privilège de pouvoir voyager - autant dans la réalité que dans notre imaginaire.
    Est ce que le voyage en réalité nuit notre joie au voyage immaginaire.
    Ce que tu écrivais me faisiat penser à un livre que je n'ai pas lu, écrit par quelqu'un qui est né aussi à Buenos Aires:
    Alberto MAnguel a écrit A Dictionary of Imaginary Places
    Peut être je devrais écrire sur des livres imaginaires ...

  3. CB says:
    martes, octubre 28, 2008

    Como me siento hoy en esta Argentina reventada me he ido con su relato allá a mirar un poco las ballenas y sosegarme un poco.