Pobres suizos

15 octubre 2008 | Publicado en | 0 comentarios

Hoy es Blog Action Day y el tema propuesto es la pobreza. Un desafío difícil para Porteños en Ginebra, porque cómo bloguear sobre la pobreza en un país tan rico como Suiza?

En Suiza no ves chicos pidiendo en la calle ni familias buscando su cena en las bolsas de basura; nadie muere de hambre; un mínimo de asistencia médica está garantizado para todo el mundo.

No es sorprendente, considerando que el ingreso bruto per cápita es de alrededor de 55 mil dólares —datos del Banco Mundial, año 2006. (Para comparar: de acuerdo a la misma fuente, en Argentina el ingreso bruto per cápita es de alrededor de cinco mil dólares.)


O sea: no hay pobres en Suiza. Este ha sido un post breve. Muchas gracias.

Bueno, no tan rápido...

Si bien en Suiza no hay “pobreza absoluta”, hay sin embargo lo que los expertos llaman “pobreza relativa”. Ésta surge de comparar el nivel de vida de los menos favorecidos con el nivel de vida “promedio”.

“Ser pobre en nuestro país —dice un informe de Cáritas— significa no poder participar de la vida social por falta de dinero. Esto se traduce en numerosas limitaciones en lo cotidiano, tales como rechazar la invitación a un cumpleaños de un niño porque el regalo pesaría demasiado en el presupuesto familiar, o ignorar los problemas dentales por miedo a la factura del dentista.”

Sí, ya sé, comparado por ejemplo con la Argentina, este cuadro difícilmente logre romperte el corazón. Pero sigamos.

De acuerdo a las estadísticas oficiales, en Suiza la tasa de pobreza para la franja de 20 a 59 años de edad es del nueve por ciento (datos del año 2006). Este porcentaje representa unas 380 mil personas, o una de cada once personas dentro de ese grupo etario.

La “línea de pobreza” oficial se sitúa en:
  • 2.200 francos para la persona que vive sola;
  • 3.800 francos para familias monoparentales con dos hijos;
  • 4.650 francos para familias “tipo” —dos padres con dos hijos.
(En todos los casos se trata del ingreso mensual mínimo —una vez descontadas las contribuciones sociales y los impuestos— necesario para costear una “canasta familiar” que incluye vivienda, alimentación, vestido, etcétera, y seguro médico. Hay más sobre el costo de la vida en Suiza en este post.)

Decíamos entonces que hay en Suiza unos 380 mil pobres de entre 20 y 59 años —personas cuyo ingreso no alcanza a los valores mencionados arriba. Según otra fuente, en estos hogares pobres viven más de 200 mil niños, que hay que sumar a la cifra anterior. (No he logrado obtener datos para la franja etaria de 60+ así que te los debo.)

Según Cáritas, las causas de la pobreza consisten en: bajo nivel de educación, salarios insuficientes, endeudamiento, divorcio, desempleo de larga duración, condiciones de trabajo precarias y enfermedades prolongadas.

Y quiénes son esos pobres? El perfil es más o menos claro: es más frecuente que sean jóvenes, extranjeros, familias con más de dos hijos, familias monoparentales, personas solas. “Las mujeres presentan un riesgo de pobreza más elevado pero parece que con frecuencia demuestran una mejor capacidad de adaptación que les permite evitarla”, dice el informe de Cáritas.

Paradójicamente —sigue Cáritas— “muchos pobres no ejercen su derecho a las prestaciones de la ayuda social, ya sea por vergüenza u orgullo, por convicción de que la situación será pasajera o por falta de conocimiento de las posibilidades del estado social.”

Para Stéphane Rossini, director de la carrera de trabajo social en la Universidad de Neuchâtel, “hay situaciones o períodos en la vida en los cuales una persona ve denegado su acceso al sistema porque es juzgada responsable de su situación y, en consecuencia, indigna de la protección social.”

Imagen: “La Razón muestra a ReciénCasado el camino de la Casa de la Pobreza”.
La Razón y ReciénCasado están frente a dos caminos, el de la Pereza y el de la Diligencia, que llevan respectivamente a la Pobreza y a la Riqueza. Clarito, no? Del libro El camino de la pobreza o de la riqueza, publicado en París alrededor de 1430-1440 y que reproduce un poema compuesto por Jacques Bruyant alrededor de 1342. El libro entero está acá.

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