El año de Calvino

28 enero 2009 | Publicado en | 4 comentarios


La primera vez que me encontré con Calvino fue por pura casualidad. Era mi primera estadía en Ginebra y, antes de regresar a Buenos Aires, fui a visitar a un compatriota instalado permanentemente en la ciudad. Estuve un rato con el argento exiliado, pero no charlamos mucho, porque el chabón estaba más bien callado. Así que después de un un poco me levanté a estirar las piernas. Di algunos pasos y, de pronto, de buenas a primeras me encontré frente a quien es probablemente el más ilustre de los ginebrinos —aunque, irónicamente, no nació en Ginebra y le costó bastante ser aceptado. Ya lo había visto una vez antes pero desde lejos, alto e imponente, de pie junto a unos amigos suyos frente al edificio de la Universidad. Pero en un encuentro cara a cara el gran hombre no parecía tan grande, acostado como estaba en medio de la hierba fresca.

No ayudaba mucho, es verdad, que la suya fuera una tumbita de morondanga: metro y medio por sesenta centímetros, como mucho. Rodeada por una valla de hierro que no me llegaba a la rodilla, la sepultura no tenía el más mínimo adorno. Apenas una plaquita, austera hasta decir basta.

Separadas una de otra por no más de treinta metros, la tumba de Juan Calvino —en vida conocido en estos barrios como Iohannes Calvinus o Jean Calvin— contrastaba a más no poder con la del compatriota argento que yo había ido a visitar —esta última señalada por una gran piedra grabada con una inscripción en inglés antiguo, toda una pretenciosidad de tumba, mire, vea.

(Un escritor de talento podría crear una bella página con los diálogos que deben de mantener en las calmas noches ginebrinas Calvino y Jorge Luis Borges —ilustres inquilinos por el azar reunidos en el cementerio llamado “de los Reyes”, en la margen izquierda del Ródano. Ofrezco aquí gratuitamente la idea, con la generosidad que me caracteriza.)

Todo esto viene a cuento de que 2009, cuando se cumplen 500 años del nacimiento del reformador, ha sido declarado aquí “el año de Calvino”. En Calvin City hay programados actos, conferencias, debates, exhibiciones, cine, teatro, música, actividades para niños y un largo etcétera. Varias editoriales aprovecharon la ocasión para publicar varios libros sobre el personaje, su pensamiento, su rol en la historia. Y, como al fin y al cabo estamos en Suiza, hasta un chocolate fue creado especialmente para la conmemoración.

En el sitio oficial del Annus Calvinus —con perdón— puede verse un programa de las actividades previstas, así como una breve reseña sobre la vida y obra del reformador.

Otro calendario de actividades muy bien diseñado, que incluye excelentes caricaturas del reformador e interesantes notas sobre aspectos históricos y teológicos relacionados con él se encuentra aquí (sólo en francés).

Como no podía ser de otra manera, la celebración misma no carece de su costado polémico. Empezando por el monto destinado por las autoridades del cantón a contribuir a ella: 500 mil francos suizos. “Apenas alcanza para comprar cacahuetes!” —se indignan algunos, subrayando que en Alemania un museo gastará en ocasión del aniversario nada menos que un millón de euros (alrededor de 1,6 millones de francos suizos).

Según algunos, el exigüo monto revelaría la incomodidad de las autoridades ginebrinas, que —dada la estricta separación entre iglesia y estado— no sabrían cómo situarse exactamente frente al aniversario de alguien que debe su renombre a su rol de líder religioso.

A otro nivel —aunque no del todo exento de relación con el anterior— también se discute el significado tanto de la celebración como del personaje celebrado. Como ocurre de manera tal vez inevitable con todas las figuras de importancia en la historia de las sociedades, hay diversas y hasta contrapuestas lecturas del mismo.

Para unos Calvino es poco menos que el padre de la democracia y otras notas distintivas de la modernidad, incluyendo el sistema capitalista —lo que, según la ideología del consumidor, será motivo de elogio o razón suficiente para execrar su memoria.

Otros ven en él una figura más bien oscura, autoritaria y castradora. Calvino sería un teólogo sádico (dada su doctrina sobre la “doble” predestinación de los seres humanos, unos a la salvación etrna y otros a la perdición ídem) además de un inquisidor inmisericorde (dada su connivencia con la ejecución de Miguel Servet).

A esta altura el paciente lector/a no familiarizado con el personaje bien podría preguntarse: Pero, quién joraca fue Calvino? Si la ansiedad por responder esa pregunta te carcome y te impide dormir, te recomiendo que visites la página biográfica del sitio oficial del año de Calvino —hay, claro, muchísimas otras opciones, incluyendo... Wikipedia.

Sin embargo, si no estás con prisas, Porteños en Ginebra promete —llevando a cabo un esfuerzo de producción encomiable— tratar algunos de los temas centrales del debate en torno a Calvino a lo largo del año, en una serie de posts cuyo número está aún por ser determinado pero cuyo contenido se anuncia a cual más brillante.

Y, como vivimos una época dada a las sinergías, el autor de este blog seguirá tratando de convencer a la patrona de Delicias del Sud para que contribuya, ella también, a la celebración del año de Calvino con una edición especial de sus famosísimos y riquísimos alfajores, o —por qué no?— con una torta de cumpleaños.

Es cierto que la torta no podría acomodar 500 velitas, pero no importa. El homenajeado tampoco va a estar para soplarlas...

[La foto la tomé un día cerca de casa: es uno de los vehículos de distribución de la cerveza Calvinus, que no fue creada con motivo del año de Calvino, sino mucho antes.]

4 Comentarios

  1. Luciano says:
    jueves, enero 29, 2009

    Excelente post.
    No me imagino el diálogo entre Calvino y Borges porque de fútbol seguro que no hablan, ni de mecánica popular tampoco.
    Ya me pongo a ver la biograía del hombre, que lo tengo poco visto.
    Es buena la cerveza onomástica?
    Saludos.

  2. CB says:
    viernes, enero 30, 2009

    Muy gracioso! Cómo necesitaba una sonrisa. Thanks. Y los diálogos los podrámos escribir nosotros todos, aunque no seamos tan tan eruditos. Y yo también voy a por la biografía!

  3. idanielth says:
    lunes, febrero 23, 2009

    Hola a todos

    Encontré este sitio buscando algo de Calvin, muy bueno, felicidades. Espero estar leyendo tus entradas; soy estudioso de la vida y obra de Calvino y recién conocí a una profesora de la Université de Genève, Irena Backus que platicaba un poco de lo que se está haciendo por allá en cuanto al aniversario de Calvin. Espero sigamos en contacto y me den sus impresiones de dichos eventos. Saludos afectuosos. I Daniel Tovar

  4. Phiyl says:
    martes, abril 28, 2009

    Me pregunto, je me demande...porque CALVIN CITY? y no CALVINGRAD?

    Durante mis estudios en UniMail antes de migrar a BsAs, siempre hablamos de CALVINGRAD tal, o CALVINGRAD cual....

    Muy bueno el blog...

    Existe un EXCELENTE libro, ya un clásico, sobre Lo que el CALVINISMO engfendró en el mundo político....

    - Michael Walzer -

    La revolución de los santos
    Estudio sobre los orígenes de la política radical.

    "La invención de un partido ideológico, que combina fanatismo con disciplina y que se orienta directamente a la construcción de la acción política, fue el más exitoso agente revolucionario que el mundo nunca tuvo. Ese instrumento de poder, utilizado por los bolcheviques y por los jacobinos, fue, sin embargo, producto del puritanismo calvinista, su más radical innovación."

    http://www.katzeditores.com/fichaLibro.asp?IDL=63

    Saludos...