El colmo del bloguero

05 mayo 2009 | Publicado en | 5 comentarios

ME ACABO DE ENTERAR de un caso verídico en el que la tecnología permite que un tipo disfrute de una suerte de vida póstuma en la blogosfera. No es joda, la historia me la contó mi amigo Walter, que es una persona seria.

Resulta que el tipo, un bloguero bastante prolífico, pero sobre todo muy obsesivo, tenía que irse de viaje por un par semanas y no estaba seguro de contar con un acceso a internet decente. Preocupado por el impacto que iba a tener en su blog un silencio prolongado —todo bloguero sabe que cuando el blog no se actualiza las visitas caen en picada—, decidió usar la función ‘publicación programada’. Es una función simple y práctica: vos escribís un post, lo subís al blog, le añadís las imágenes, video o lo que sea, y le ponés una fecha de publicación futura. El post queda guardado como un borrador hasta que, el día y a la hora señalados, se publica ‘solo’.

La cosa fue, entonces, así. Antes de viajar, el tipo, que normalmente publicaba unos tres o cuatro posts por semana, se puso a trabajar a destajo y escribió una docena o más de posts por adelantado –el número exacto no se conoce.

Obviamente, no podían ser temas de actualidad, así que —a juzgar por los que se han ido publicando hasta el momento— eligió temas más o menos generales: reflexiones sobre las relaciones humanas, recuerdos de infancia, análisis de tendencias sociales, críticas de películas, comentarios sobre discos, y así. Cuando tuvo listo el material, subió todo al blog y programó los posts para que fueran apareciendo dos o tres por semana. Así estaba cubierto durante el viaje y, por las dudas, una o quizás dos semanas más después de su regreso.

El tipo era miembro fundador y militante de la Asociación de Blogueros Autopromocionados (Self-Marketed Bloggers Guild), cuyo logo tenía pegado en la valija con la que se presentó al mostrador de check-in el fatídico día en que debía iniciar su viaje. Para desgracia del tipo, la empleada que lo atendió acababa de crear su página en FaceBook y estaba fascinada con todo el tema de los nuevos medios, las redes sociales y la mar en coche. Cuando despachó la valija vio el logo y, como tenía que “upgradear” un pasajero a la clase business porque el vuelo estaba sobrevendido en económica, decidió que el tipo —al fin y al cabo un alma gemela en el ciberspacio— sería el afortunado.

—Tiene algún inconveniente en viajar en business? —preguntó la empleada.
—Eh, no... creo que no —respondió el tipo sorprendido, incapaz de creer que por fin fuera él el beneficiario de un upgrade, ese fruto exótico que hasta ese día siempre se habían comido otros.

La empleada tecleó un código y la tarjeta de embarque del tipo se convirtió en un ábrete sésamo que le franqueó la entrada al paraíso del suficiente espacio para las piernas, las butacas mullidas que se convierten casi en cama y el servicio especial.

—Desea tomar algo? —le preguntó una azafata, cuando llegó la hora de los tragos.
—Un martini seco —dijo el tipo, no porque le gustara mucho, sino porque fue lo primero que se le ocurrió.

Y así fue como el tipo encontró el fin de su existencia terrenal —aunque no de su existencia virtual— a manos de una muy desafortunada coincidencia en tiempo y espacio de una aceituna y un pozo de aire.

En realidad no fue uno el pozo de aire, sino varios, que se encadenaron sin aviso y tuvieron a todo el pasaje aullando durante tres largos minutos. Cuando la tripulación terminó de atender a los que habían entrado en pánico y a los que se habían golpeado la cabeza contra los portaequipajes por no tener abrochado el cinturón de seguridad, uno de las azafatas notó que el tipo no respondía. A decir verdad, tampoco respiraba.

La tripulación puso en práctica el procedimiento establecido para esos casos. La hora del deceso fue registrada como 22.17 hora del punto de partida. A las 23.00 del mismo huso horario, en el blog del tipo se publicaba un post sobre el tema del viaje como experiencia transformadora. En él el tipo había escrito: “Cuando viajamos no sólo dejamos atrás nuestra ciudad o pueblo, sino que abandonamos el terreno de lo cotidiano y así salimos de nosotros mismos. Jamás regresaremos siendo los mismos.” El post se titulaba “Viajar nos cambia”.

En medio del dolor de la pérdida, la novia del tipo, los amigos, los conocidos y sus colegas blogueros, todos quedaron profundamente impresionados por el contenido del que —erróneamente— creyeron era su último post.

—Parece que hubiera tenido un presentimiento, pobrecito —dijo una tía abuela del tipo y su única pariente viva, cuando le leyeron el post por teléfono, porque no tiene internet.

Sin embargo, todavía a esa altura nadie notó que el post se había publicado después del fallecimiento del autor.

La impresión dejó paso al horror cuando un día después del entierro del tipo, un nuevo post apareció publicado en el blog. El título era “Quién te ha visto y quién te ve”, y en él el tipo escribió sobre esa clase de personas que luego de un ascenso en el plano profesional cortan los lazos de comunicación con sus antiguos colegas... Decía: “Promovidos a una esfera más alta, se creen libres de las ataduras de su antigua posición y reniegan de quienes han permanecido en el plano que ellos acaban de abandonar. En vano esperarán sus antiguos colegas y amigos que ellos les dirijan la palabra.”

A partir del tercer post póstumo las cosas se aceleraron. La ex novia sufrió una crisis de ansiedad y tuvo que ser medicada. Los amigos se movilizaron para tratar de desactivar la función de publicación programada del blog, pero obviamente ninguno conocía la contraseña de administrador del blog del tipo. Mientras los amigos contactaban a Google planteando el problema, la tía abuela comentó:

—No me extraña, desde chiquito le encantó entretener a la gente; siempre fue el centro de atención en las reuniones de familia.

Los posts cuarto y quinto, que se publicaron con apenas 20 horas de diferencia, llevaron las cosas a un punto álgido. Google no parecía querer entender los argumentos de los amigos del tipo y seguía negándoles la contraseña. La novia debió ser internada en una clínica psiquiátrica. La tía abuela pidió a la empresa telefónica que le instalara banda ancha.

El sexto post hizo explotar las visitas al blog, que ya habían comenzado a trepar alrededor del cuarto. La blogosfera comenzó a arder y los innumerables links al blog lo empujaron raudamente al tope de las búsquedas de Google.

Algunos vieron el filón y comenzaron a aparecer ‘blogs’ —en realidad simples agregadores de feeds RSS— donde se recopila todo lo que se publica al respecto —y se embolsa la publicidad. Uno de los más populares se llama “Posteando desde el más allá”. Hubo incluso quien empezó a levantar apuestas: cuántos posts aparecerían; en qué fechas; en qué categorías estarían clasificados; etcétera.

Hasta hoy Google se niega a revelarle la contraseña del tipo a la firma de abogados de Manhattan que representa a la novia, así como también a cancelar la publicación programada de posts. Google aduce que su política de privacidad le impide lo primero, y que los términos de empleo de Blogger hacen imposible lo segundo.

Los malpensados de siempre argumentan que la verdadera razón es mucho más prosaica: por un lado, los suculentos ingresos publicitarios que el blog del tipo genera; por el otro, la inmensa afluencia de visitas y la publicidad que rodea el caso han resucitado a Blogger, que estaba perdiendo mercado a manos de su archi-rival WordPress.

Pero no todo ha sido comercio, no vayas a creer. La Asociación de Blogueros Autopromocionados creó un premio especialmente para concedérselo al tipo. Se trata del Premio Mundial al Aguante Bloguero (World Resilience Blogger Award). La ceremonia de entrega —sin la presencia del premiado, obviamente— fue colgada en YouTube, y Google tuvo que reforzar los servidores en el Googleplex para satisfacer la demanda.

Hasta la semana pasada los posts en el blog del tipo seguían publicándose a un ritmo de dos o tres por semana, en días y horas aleatorias. Esta semana todavía no apareció ninguno. La tensión en la blogosfera está escalando a niveles insoportables, satura los comentarios, quema los feeds RSS, y —tal vez inevitablemente— genera fenómenos bizarros.

Como el rumor que arrasa en Twitter, según el cual Barack Obama —un presidente muy Web 2.0— estaría por nombrar al tipo Primer Bloguero Póstumo del Universo. Semejante honor incluiría el depósito de una copia del blog —hecha en un CD de platino corriendo en una MacBook Air de oro— en la biblioteca del Capitolio.

O como una banda de desequilibrados que han fundado una nueva religión basada en la creencia de que el tipo es el Mesías Digital. Los fieles del nuevo culto —que con escasa imaginación los medios denominan Bloguismo (Bloggism)— profesan que la partida del Mesías Digital anuncia el fin de internet tal como la conocemos y el advenimiento de una nueva telaraña mundial, ya no virtual y basada en código binario sino pluridimensional y sustentada en pura energía.

En medio de la histeria también han surgido detractores, claro. Como los que dicen que lo único que faltaba era que aparecieran zombies digitales...

Yo, por mi parte, mantengo una discreta y —creo— sana distancia de toda la locura. Éste es el primer y único post que pienso dedicarle al tema. En realidad, ignoraba completamente la historia hasta que mi amigo Walter me la contó en Skype un par de noches atrás.

Confieso, sí, que envidio un poquito la popularidad del blog del tipo. Pero es mucho más fuerte la satisfacción de saber que si mi blog es modesto, al menos yo estoy vivo.

[La imagen viene de acá.]


5 Comentarios

  1. Abril says:
    martes, mayo 05, 2009

    ¿Me hiciste reir en grande!
    Yo también uso la opción de publicación programada cuando viajo y en más de una oportunidad he pensado que eso sucedería si el avión se cayera...

    Lo que es poco creible del relato es el upgrade que la empleada del mostrador de la aerolinea le hace al tipo sin que éste lo pida, jajaja.

    Tus últimos post están mundiales!

    Besos!
    Abril

  2. CB says:
    martes, mayo 05, 2009

    Muy muy gracioso. Yo or las dudas no voy a usar el programador de publicación. Parece cosa de mandinga, che.

  3. Luciano says:
    miércoles, mayo 06, 2009

    Una vez lo he usado al programador ese y si, pensé en que pasaría si...
    Y en realidad pienso en qué pasará con mi blog cuando yo me muera.
    Se lo disputarán los nietos?

    Muy bueno el post.

  4. CB says:
    miércoles, mayo 06, 2009

    Dr. le respondo aquí. Yo quería ir, con precauciones sensatas yo quería ir. Mi amado viejito no. Temeroso; en fin. Después el querido gobierno nacional junto a Cuba, China y un par más decidió cancelar todos los vuelos y actuar como si estuviéramos en peligro inminente. Y siguen cancelados y con hospital de campaña en Ezeiza. Mire no me haga subir la presión que vengo bastante calmada. Creo que no hay ni un caso reportado ante la OMS de nuestro país. Seguro que hay pero los de la OMS seguro nos tienen bronca... Eso si el dengue firme junto al pueblo sigue matando a mansalva y ni un datito, salvo que el raid con permatina (uno químico efectivo al 0,7% mínimo) ya cotiza en bolsa y desbalanceó el indice INDEC/Moreno. Así no se puede vivir!!! Por eso nos vamos a Londres, y de allí a mi homeland Alemania y pasaré cerca de su residencia ya que me regodearé por las ciudades imperiales. Y qué quiere que le diga, los antepasados tiran.

  5. diseño web says:
    viernes, mayo 22, 2009

    la verdad me parece bastente tonta la historia, creo q es solo una historia q invento alguno para q lo lean y algunos se la tomaron enserio, cae de maduro.