Bacana

02 agosto 2009 | Publicado en | 3 comentarios

BACANA, NUESTRA PERRA, murió el 27 de junio pasado. Tenía alrededor de 15 años de edad. Había entrado a formar parte de nuestra familia cuando éramos dos y vivíamos en un ruidoso dos ambientes en Oro y Paraguay, con un balcón que no llegaba a ser terraza pero casi. Tenía apenas semanas y desbordaba vitalidad y alegría de vivir, como todos los cachorros. Sólo más tarde aprenderíamos que los setter irlandeses son cachorros eternos. Decidimos llamarla Bacana escuchando Mano a mano en versión de Caetano Veloso.

Como la foto lo atestigua, Bacana era una hermosa perra. Tenía el porte y la elegancia de los setter irlandeses —que en la humilde pero inconmovible opinión de quien esto escribe, son definitivamente los más bellos entre los canes—, pero era sólida y no esmirriada como algunos de ellos. Al principio ocupó en nuestra vida ese lugar especial que ocupan los perros en la vida de una pareja sin hijos. Le encantaban las personas en general y los niños en particular. Sin embargo, cuando nació Amparo, le costó bastante aceptar a la pequeña intrusa recién llegada. La niña, en cambio, la quiso a ella desde el comienzo.

Cuando a fines del 2002 nos mudamos a Ginebra, Bacana vino con nosotros. La primera semana, en el hotel, no fue fácil, pero la situación no llegó a ser imposible porque en Calvin City los perros son aceptados en casi todas partes. Así, Gabriela sobrevivió a una semana en la que tuvo que pasearse por los alrededores del hotel con una criatura de dos años y una perra que la arrastraba con su imparable doble tracción. Bacana fue aceptando gradualmente a Amparo a medida que ésta crecía, y llegó a desarrollar verdadero cariño por ella.

Casi siete años pasaron, y la juguetona setter irlandesa se fue convirtiendo poco a poco en una viejita gruñona. Amparo jugó mucho con ella, Gabriela la llenó de mimos, y yo la saqué a pasear menos de lo que hubiera debido. En junio se deterioró bastante, no respondió al tratamiento que indicó el veterinario y perdió mucho peso. La decisión de ponerla a dormir nos costó una barbaridad. No la hizo más fácil el hecho de que tuviéramos que viajar a Buenos Aires, lo que nos dejó poco margen para elegir el momento, pero no quisimos correr el riesgo de que se muriera en la guardería canina, mientras nosotros estábamos lejos.

Cuando volvimos a Ginebra —primero yo, solo, después Gabriela y Amparo, cuando yo ya había partido otra vez de viaje por trabajo— encontrar el departamento sin Bacana fue muy duro. Y es que 15 años es mucho tiempo. Nuestra perra nos acompañó y fue una fuente de alegría durante una parte muy importante de nuestras vidas. La extrañamos. La extrañaremos.


3 Comentarios

  1. Luciano says:
    domingo, agosto 02, 2009

    Lo siento mucho.
    Cómo duele cuando se mueren, mi perro Frodo (cruza de setter irlandés) se murió estando yo en Irlanda, lo cuidaban mis viejos.

  2. Jane
    lunes, agosto 03, 2009

    Je n'ai pas de chien mais je peux comprendre tout à fait combien cela doit être difficile - quand je vais chez ma mère maintenant il n'y plus de chat et cela me manque - c'est comme si la maison a perdu une partie de son âme.

  3. Paulus says:
    lunes, septiembre 28, 2009

    Que mala pata lo de la perrita che...
    Pasa eso ... ellos se transforman en parte de nuestra familia y nosotros somos su manada.. y cuando se van se siente mucho...
    Pero la vida continúa. Deberías (en un futuro no muy lejano) buscar una cachorrita nueva, obviamente no para que la reemplace porque los que hemos tenido varios animales en la vida sabemos que eso es imposible, pero para agregarla a la manada/familia como se agregan todos los afectos a la vida de uno... ;o)
    Saludos desde Rosario
    (Muy bueno tu Blog que lo estoy leyendo de a ratos)...